Escrito en gran parte durante la pandemia, La familia de las cosas es un libro de cuentos donde los objetos ocupan un lugar central: paraguas, camisas, celulares, papeles, relojes. Cosas aparentemente menores que, en estos relatos, condensan deseos, miedos y emociones que los personajes no logran verbalizar. Es a través de ellas que algo se revela.
Tal como cuenta Elsa Drucaroff, escritora, docente y crítica literaria, el origen del libro está atravesado por el tiempo y la concentración que trajo el encierro. Más que inspiración, la pandemia le ofreció horas para escribir y revisar, en paralelo a otros proyectos. El eje —las cosas— apareció desde los primeros cuentos y luego encontró su forma definitiva.
El libro se organiza en tres partes: Las cosas del desear, Las cosas hacia dentro y Las cosas en el tiempo. La estructura llegó después de que los relatos estuvieran escritos y permite leerlos en clave erótica, introspectiva o vinculada al paso del tiempo y la memoria. La dictadura aparece, sí, como parte inevitable de una experiencia vital, pero no como único centro: también están el presente, la vida doméstica, el amor, el deseo y la urgencia de lo cotidiano.
Con una mirada feminista que no baja línea, sino que atraviesa la escritura desde la experiencia y la sensibilidad, Drucaroff construye cuentos socarrones, a veces ácidos, siempre precisos. La literatura, parece decirnos, es también un modo de encontrar —aunque sea de manera incómoda o perturbadora— nuestro lugar en esa vasta y compleja familia de las cosas.