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Compilado crítico sobre Villa Celina

Compartimos distintos comentarios, reseñas y recomendaciones de diferentes medios y referentes culturales acerca de este ya clásico de Juan Diego Incardona.

Lo pongo en la biblioteca al lado de David Copperfield, de Juvenilia y de Arlt, por las Aguafuertes y por El Juguete rabioso. Pero como línea de sucesiones: si en los primeros se trata de aprender las leyes para construir buenos ciudadanos y en el último de aprenderlas para convertirse en un ladrón, en Villa Celina se trata de conocer las leyes no escritas del barrio para poder salir de ahí […].

Se podría decir… a hacer libros que serán leídos en la escuela bajo la consigna de “Misteriosa Gran Buenos Aires”. Lo pongo al lado de cierta tele, por ese ritmo narrativo clásico que deja todo relato en suspenso para dejar que la parábola se forme sola como una voluta de humo caprichosa que cede y no cede al sentido […].

De ese silencio, de esa imposibilidad, de esa rabia como la de un perro abandonado, doméstico y al mismo tiempo sin refugio, de esa intemperie en la que nada parece poder ser recuperado, Juan Diego arrancó estos relatos, les puso un foco y les devolvió una luz como quien le devuelve una objetividad que parecía perdida para siempre.

Ariel Schettini (Universidad de Buenos Aires), durante la presentación de Villa Celina

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No me sorprendería que Villa Celina sea bien recibido por los antropólogos que estudian culturas populares, quienes encontrarán una confirmación literaria de sus tesis etnográficas. Tampoco me sorprendería que ganara lectores incluso más allá de los círculos minoritarios a los que se circunscribe la mayor parte de la literatura argentina (excluidos los best sellers). Es un libro de hoy peculiarmente arraigado en la tradición […].

El aguante es lo que el honor era en una cultura aristocrática, lo que el coraje era en la mitología gaucha, lo que la virtud es para la religión o el pluralismo representa en la vida cívica. Fuera de la comunidad no quedan los cobardes sino aquellos que no son capaces de bancar. La debilidad no es el miedo sino carecer del temple, de la paciencia y la solidaridad del aguante. Cuando una sociedad se deshilacha, queda el espacio más concentrado y más intenso de la comunidad y, para sostenerlo, cada uno de sus miembros hace el aguante.

Incardona conoce perfectamente su territorio del conurbano no sólo en términos morales. La topografía de Villa Celina tiene una precisión de carta geográfica trazada con la habilidad que sólo se adquiere por la experiencia, cuando se sabe y se siente en el cuerpo en qué lugar se cruza el límite hacia el exterior, en qué esquinas se definen los hitos del espacio propio, quién vive en cada casa, para dónde hay que correr si a uno lo persiguen, de dónde y cómo puede llegar la policía, de qué modo hay que organizarse para salir “afuera”, cuáles son los posibles planes de retirada en la derrota. Los cuentos son ficciones geográficas, de una microgeografía que se convierte en mundo repleto de comunidad: desvíos de las avenidas, túneles, fisuras del terreno, obstáculos para pasar de un lugar a otro, todo forma parte de un inventario necesario para la supervivencia.

Beatriz Sarlo (Universidad de Buenos Aires), "La teoría del aguante"

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En la literatura hay comarcas imaginarias y otras que aunque presenten en mano la dura credencial de lo real, son reinventadas hasta desdibujar los bordes entre lo real y lo imaginario. A esta última estirpe, sospechamos, va a pertenecer de aquí en más la Villa Celina de Villa Celina, de Juan Diego Incardona. Y por, al menos, dos motivos: primero porque se trata de una versión personal y hasta íntima del barrio, tachonada de amigos, vecinos y referencias autobiográficas; y segundo porque la zona, tan claramente delimitada en el prólogo, irá adquiriendo tintes míticos en la medida que avanzan los relatos, cuentos y crónicas de la saga bonaerense. Un hombre gato por aquí, una curandera por allá, un episodio de violencia silenciado por los diarios, perros rabiosos, entre otros prodigios tan mágicos como verosímiles desdibujan el territorio, lo enturbian y lo vuelven grisáceo. Quizás, el territorio geográfico se desplaza hacia un espacio mental que ya no conoce de fronteras tan precisas, un espacio mental que no encalla en el cruce de la General Paz y la Ricchieri. Se trata, segunda sospecha, del territorio de la infancia.

Claudio Zeiger (Radar libros), "Los ojos de Celina"

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Villa Celina, proyecto menos ambicioso pero bello y también hoy, de culto, significó por un lado el encuentro de Incardona con su propia voz (y el comienzo de una obra que fue asumiéndose cada vez más como generadora de mitos); pero además, fue tal vez una de las primeras narrativas que hizo entrar en la literatura argentina el mundo marginal suburbano de los años noventa y lo volvió linaje, civilización.

Elsa Drucaroff (Página/12), "La pulsión de inventar mito"

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El autor, para escribir, tuvo que abandonar la zona de crecimiento, perderse en el amor, en el deseo de hacerse uno a pesar del terruño emplazado en la memoria reticente. Destino este que afecta a la mayoría de la población urbana de Buenos Aires, y por qué no, de todas las grandes ciudades de América Latina. Desde un comienzo, el barrio, la pertenencia, se proclama peronista, católica, de inmigrantes, de personas agrupadas en una resistencia común hacia el ideal de mejora social bajo el signo de una desinteresada voluntad de colaboración y felicidad. Celina, madre, tierra madre, es la representación de ese ideal de cuento infantil antes de dormir. Y Villa Celina, también, es una novela que trata sobre ese rescate de lo ideal, como memoria inmediata cuestionada día a día por el incremento del desarraigo y la exclusión económica brutal.

Omar Genovese (Hablando del asunto), "Villa Celina"

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Principalmente en los textos de Villa Celina (barrio popular del conurbano bonaerense) el barrio se erige como el espacio privilegiado para construir identidad. Es el medio urbano conocido y cercano, percibido como de propiedad exclusiva por el grupo de pares, por la barra, lo conocen al detalle y cada rincón está cargado de fuertes connotaciones emotivas.

Silvina Giovannini (Universidad Nacional de Córdoba), "Jóvenes en escena. Representaciones de identidades juveniles en ficciones argentinas contemporáneas"

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Villa Celina, ese explosivo combo cultural de veinte relatos que recrean la potencia de la cultura bonaerense y la mitología del peronismo más allá de las fronteras de La Matanza. Pequeñas historias y personajes entrañables despliegan ese rectángulo bonaerense, formado por dos avenidas, un río y un mercado, sobre el mapa de la Argentina.

Silvina Friera (Página/12), "Juan Diego Incardona y una nueva mitología barrial"

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El libro de Juan Diego Incardona es un devenir narrativo que concentra a través del narrador una multiplicidad de voces que conviven y que se encuentran en una extensa red de lugares de contención relacionados con el peronismo y la cooperación entre la comunidad de Villa Celina. Tanto el movimiento político peronista, como las calles y espacios públicos son integradores e identitarios dentro de la poética popular que traza la historia cultural de Villa Celina.

Yanina Gallardo (Universidad Nacional de Córdoba), "Transposiciones en la cultura popular"

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Aunque Villa Celina es en gran parte un dibujo de la juventud de Juan Diego Incardona, llena de nostalgia, buenos recuerdos y alegría; es también la historia de la realidad cotidiana de esta villa. Esto quiere decir que Incardona no ha tenido la intención de ocultar elementos reales y a veces violentos para embellecer la trama.

Kaatje Verhoeven (Faculteit Letteren en Wijsbegeerte), "Villa Celina de Juan Diego Incardona: un análisis"

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Con un estilo simple, nutrido de oralidad y una estética que evoca los poemas del tango, Incardona pone en primer plano el sentido “comunitario” de Villa Celina, un nosotros patente y actuante que se organiza frente a la desgracia generalizada. Los “pibes”, la “esquina”, el “potrero”, la ayuda a los “bolivianos” para bajar cajones del camión, los nombres propios y familiares de los personajes en el texto, hacen de esta historia una expresión de lo vivido entre todos y para todos, en un obrar con generosidad, atento a las necesidades del prójimo.

Estrella Isabel Koira (Universidad Católica Argentina), "Cuando la literatura argentina habla de nos-otros"

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Pareciera que el pertenecer a Villa Celina permite una suerte de abstracción de la dura realidad que se vive en el país a principios de la década del ochenta. La resistencia pasa por la identidad colectiva que Incardona reivindica permanentemente a través de sus relatos. En este sentido el relato de Incardona también debe ser considerado transgresor ya que configura un universo literario en el que las prácticas ordinarias no son las que genera el dispositivo disciplinador propio de la época. 

Julia Houllé (Universidad de Buenos Aires), "El fin de la infancia en el conurbano bonaerense"

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Esta intención de echar raíz en el imaginario de una comunidad popular lleva, en Villa Celina, a la explicitación del lugar de enunciación no sólo desde el Prólogo sino también desde los propios relatos. De esta manera, Incardona le confiere al conurbano una perspectiva endógena que se establece como contrapunto para la tradición literaria que, desde El matadero en adelante, lo configuró como un “más allá” en donde habita cierta otredad […].

Esta inversión del punto de vista instituido es el principio fundante de la autoafirmación incardoniana. A partir de allí, los sujetos populares y sus manifestaciones culturales pueden ser configurados por fuera del ejido trazado desde una perspectiva civilizatoria. En otros términos, el “sujeto popular” de los relatos de Incardona no es un “otro” sino un “nosotros” que está-siendo y, frente a los conflictos y las adversidades presentadas por las tramas, prevalece una felicidad anclada en el primigenio hecho de reconocerse en el otro.

Ezequiel Rogna (Universidad Nacional de Córdoba), "Literatura y peronismo: Configuraciones de la cultura popular en la narrativa argentina de la década del 2000"

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El universo delineado por Incardona está hablando del trazado alrededor de una comunidad, mediante una serie de parámetros que incluye las zonas, los eventos sociales, las instituciones locales, las identidades políticas y los diversos personajes más o menos pintorescos que animan esa particular mitología urbana de Villa Celina. La narración, caracterizada por un estilo más bien digresivo, fluye sin plan preciso. Parece estar movilizada por los recuerdos que emanan de manera arbitraria. La voz narradora se mueve por ese espacio que para el espectador ajeno es como un laberinto. Para él, sin embargo, su reconstrucción implica realizar el trazado de una identidad que es tanto individual como colectiva, subrayando la cuestión de que la una no existe sin la otra. Y ese territorio se encuentra ligado a la infancia y la adolescencia, espacios que se desea recuperar como una manera de contrarrestar su desaparición.

María José Punte (Universidad Católica Argentina), "La mirada de la infancia: nuevas cartografías familiares en los narradores del milenio que asoma"

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El Villa Celina de Incardona es una isla urbana que se configura como un bestiario que borra las diferencias entre lo humano y lo animal, los mezcla, los superpone y los fusiona.

Carolina Rolle (Universidad Nacional de Rosario), "Nuevas poéticas en la literatura argentina contemporánea. Imaginarios sobre los barrios en la obra de Washington Cucurto, Fabián Casas y Juan Diego Incardona"

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En Villa Celina, la experiencia social no pierde intimismo. En este sentido, la historia interfiere como eco de una cultura, clave en la formación y aprendizaje personal. Por lo tanto, los géneros que mencionaba, no clasifican el lugar de lo narrable sino que coleccionan los efectos que los “hechos” inscriben en la memoria. Infancia, adolescencia y juventud son los trazos de la ausencia y de la pérdida, pero también del recuerdo que promueve verdad y creencia, suceso y mito.

Nancy Fernández (Universidad Nacional de Mar del Plata), Sobre "Villa Celina" de J. D. Incardona

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Villa Celina podría pertenecer a la Argentina semi rural o la ciudad de la época premoderna, porque coexisten diferentes etapas de desarrollo: bandas de rock y perros vagabundos, trenes y carros tirados a caballo, educación pública y supersticiones urbanas como el Hombre Gato y el Perro Dos Narices. En una historia, un niño se enferma de culebrilla, dolencia típica del campo que se resuelve con una visita a la curandera, y para llegar a casa de una boliviana que sabe de esas cosas hay que hacer un viaje a pie que semeja más una epopeya que un recorrido por barrios porteños.

Fernando Reati (Georgia State University), "Política y ciudades imaginarias en la literatura argentina de las últimas tres décadas"

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Más acá en el tiempo, los relatos de Villa Celina también refieren episodios de la infancia del narrador –de fines de los 70 y principios de los 80- en un barrio de clase media baja en el conurbano bonaerense, pero no se trata aquí del narrador emergente, melancólico y depresivo, de una generación desperdiciada sino del aeda poético del barrio mismo, más aún, del portavoz de un barrio construido en torno a su núcleo fundamental, la familia, esto es, un sujeto colectivo cuya identificación no es generacional ni juvenilista sino ideológica y política: se trata, aquí, centralmente, del barrio peronista de Villa Celina.

Sandra Contreras (Universidad Nacional de Rosario), "Economías literarias en la ficción argentina del 2000"

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Los retratos de la infancia en Celina, la magia de los grandes acontecimientos barriales (el Carnaval, la llegada de los Reyes Magos, la inundación), las historias de vida con final triste y dulzón delimitan un espacio mitológico, cargado de emotividad y protegido por la rama más benévola de las deidades peronistas: la liturgia de los únicos privilegiados […].

Incardona logra habitar sin folclorismos el viejo espacio del barrio, el perdurable hogar de la tradición tanguera y lo convierte en un lugar deseable, perfecto para practicar la universal nostalgia por los días de una niñez curiosa y al abrigo de grandes calamidades.

Quintín (La lectora provisoria), "La infancia recuperada"

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El mito es la posibilidad de la conmoción política y el acecho de lo Único inmovilizante. Villa Celina tiene un poco de esas cosas: un poco de peligro, un poco de derrota y un poco de honesta vocación política. Es una obra sólida, lo que no significa que sea una obra cerrada, y esa es una virtud.

Diego Vecino (revista Contrarreforma), "Vamos las bandas"

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En este libro se respira rock desde el comienzo hasta el final, sin mencionar “El túnel de los nazis”, un relato que mezcla letras de los Redondos, expresiones en latín y lunfardo. Un viaje onírico en un reducto repleto de personajes de todo calibre, quizás la aventura más alejada del tono que domina al resto de los cuentos. Y se seguirá respirando rock, porque Villa Celina, barrio ubicado en el partido de La Matanza, acunó a bandas como Callejeros, Villanos y Viejas Locas, del cual su ex líder, Pity Álvarez, fue compañero del secundario y amigo de Incardona y también tiene su propio cuento en este libro, “Pity”.

Fernando Ghersini (Universidad Tecnológica Nacional), "Mitologías y verdades conurbanas"

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Un libro lleno de personajes, casi leyendas urbanas, enmarcados en un territorio preciso. Como un cartógrafo de sus recuerdos, en la veintena de cuentos, Incardona completa un retrato expresionista de su barrio, un relato de iniciación construido a base de pinceladas de ese narrador que no puede nunca –ni quiere– dejar atrás el lugar donde creció y que, al mismo tiempo, lo define.

Martín Pérez (revista La mano), "Chabón de barrio"

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Una carta de presentación, un trailer de la prosa tensa y versátil que Incardona despliega en Villa Celina. Y con la cual logra engarzar con gracia y precisión voces e imágenes, fundir diversos tiempos y materiales hasta volver el espacio barrial por momentos una zona entrañable, por momentos un páramo fantasmagórico y mutante.

Matías Capelli (revista Inrockuptibles), "Del Blog a las bateas"

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