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Diario de la peste 3: A veces, en el mundo terrible

Día a día, el gran escritor portugués y maestro del texto breve busca poesía en el sombrío mar de la cuarentena. Infobae reproducirá sus columnas, que son originalmente publicadas por Expresso y que, traducidas por Paula Abramo, tomarán forma de libro en Interzona.

A veces, en el mundo terrible, la gente abre un poco la puerta de su casa y escupe al paso de los extranjeros.

Extranjero, en una cierta lengua eslava, me dicen, significa mudo.

Aquel que no habla mi lengua es mudo.

Aquel que no tiene mi historia es mudo.

"Virus detectado en los drenajes de Holanda."

"El Sol sale a la calle, pero la lluvia vuelve a caer este miércoles."

Hay barcos atracados en espera de autorización para verter su carga humana.

La naturaleza ha de estar mirando estupefacta a los humanos.

¿Por qué se retiran?

Dos perras.

Jeri, diminutivo de Jeriquaquara, Brasil.

7 años. Y Roma, pastora belga.

Un año.

Mi perra Roma está inquieta.

Una energía excesiva por metro cuadrado.

"Sube a 30 el número de médicos muertos en Italia."

Basta; ahora otra cosa.

Somos monjes, sí, pero sin la creencia.

Aislarse por miedo o precaución no es lo mismo que aislarse por fe.

Virilio hablaba de la "destrucción del ambiente por la velocidad".

Accioli, en Italia, en la zona Norte, corre en el mismo sitio, en casa, para no volverse loco.

Quedarse en el mismo sitio, pero de manera rápida.

Destruir la casa misma por la velocidad.

Destruir a la familia por la velocidad.

Destruir a la familia por la lentitud.

Veo una carrera de Bolt.

Récord de los 100 metros, 9.58 segundos.

"El Sol sale a la calle, pero la lluvia vuelve a caer este miércoles."

Imagino a la gente saliendo de casa y yendo a festejar con Bolt el récord mundial.

Estar el mínimo de tiempo fuera de casa.

Hacer lo esencial y volver.

Ser un velocista, pero en el trayecto ir haciendo cosas con las manos.

Comprar alimentos.

Conducir el auto.

La velocidad de la cabeza y la velocidad de las manos.

Escuchar el radio en el auto y exigir un aumento en la velocidad del discurso.

Que en el radio empezaran a hablar con una rotación equivocada.

Me acuerdo de un vinil.

La historia infantil de los tres cochinitos y el lobo feroz. En un disco.

Decía que el lobo era malo, muy malo, completamente malo.

Pero nadie es malo, muy malo, completamente malo.

"La catástrofe sería la presencia simultánea de todas las cosas",

dijo Sloterdijk, en una vieja entrevista.

La catástrofe ahora como la ausencia de todas las cosas.

Noticias de dos días.

En Croacia, un terremoto exige que la gente salga a la calle y un virus exige que la gente se quede en casa.

La gente sale a la calle, pero manteniendo la distancia.

Están revueltas, las opciones: salgo, me quedo.

Roma mueve la cola, tiene sed.

Jeri, pacata, consume energía mirando las cosas.

Tomo un ángel de veinte centímetros de altura.

Está hecho de un material extraño.

Parece blando por dentro.

Voy a buscar un cuchillo de cocina.

Me detengo.

Dejo el ángel y el cuchillo de cocina lado a lado.

A ver si el cuchillo hace más valiente al ángel, a ver si el ángel ablanda al cuchillo.

Estoy mirándolos a los dos como si recién se hubieran hecho amigos.

Pero no es así.

738 muertos en España.

En Italia, 683.

Portugal, España, Francia, Italia, Estados Unidos, Brasil Irán, Corea el Sur, Holanda, Bélgica.

La temperatura de un país se mide por el número de muertos.

Una temperatura negra, grotesca.

Hija de puta, esa temperatura.

Escuchar un número como se escucha una respuesta.

Pero nadie hizo ninguna pregunta.

Las tiendas de hamburguesas en el Reino Unido están cerrando.

Leo un libro sobre las características de los animales.

Cada animal tiene su propia locura.

Hay mucho miedo en los hogares.

Es como una amenaza pública contra los más viejos.

¿Qué sentirán los que tienen más de setenta, más de ochenta años?

La ropa tiene que lavarse a, por lo menos, setenta grados.

Es necesario quemar al enemigo.

Hay un verso que me gusta, pero lo olvidé.

Roma juega con Jeri, ninguna de las dos entiende nada.

Mi ángel está boquiabierto.

Pero no por voluntad propia.

Fui yo el que le abrió la boca por la fuerza.

Pero todo esto lo asombra.

NI los seres que vienen de allá arriba entienden muy bien lo que pasa acá abajo.

El ángel tiene la boca abierta.

 

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