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Diario de la peste 47: El elegante movimiento del caballo

Día a día, el gran escritor portugués y maestro del texto breve busca poesía en el sombrío mar de la cuarentena. Infobae reproduce sus columnas, que son originalmente publicadas por Expresso y que, traducidas por Paula Abramo, tomarán forma de libro en interZona.

“Me dirijo a ustedes a la misma hora en que lo hizo mi padre, hace 75 años”, discurso de la reina Isabel II. Ayer.

75 años de la capitulación de los nazis.

La reina recuerda que presenció la fiesta de la victoria desde el balcón, con sus padres y Winston Churchill.

La pandemia puede durar hasta fines del año entrante. Un nuevo estudio habla de 18 a 24 meses.

En casa, puertas y ventanas.

En la calle, un juego de ajedrez. Cada persona se detiene o avanza ocupando un cuadrado imaginario.

“Cada um no seu quadrado”: canción kitsch brasileña.

Cada uno en su cuadrado siendo totalmente libre en su cuadrado siendo totalmente libre en su cuadrado.

El artista Bruce Nauman rodeando el perímetro de un cuadrado con su paso lento y levemente perverso.

Como un animal marcando el territorio con los pies.

El médico y escritor Mbate Pedro dijo que en Mozambique, a falta de agua, la gente se limpia las manos con ceniza.

Manos, ceniza y agua.

En la calle, un juego de ajedrez.

Llevar a la calle un cuadrado imaginario como quien lleva una idea fija.

En su cuadrado imaginario, cada quien hace lo que quiere.

Mudos unos, otros gritan. Algunos cantan.

Muchos ingleses, por ejemplo, salen a la calle a cantar el himno de la Segunda Guerra, “We’ll Meet Again”.

Fue una petición de la reina Isabel II.

"Nunca darse por vencido, nunca desesperar", un viejo lema.

Algunos, torres: avanzan siempre hacia adelante.

Otros recorren diagonales.

La reina, en el ajedrez, lo puede todo, y el rey es protegido por todos.

Un cartel frente a un hospital: si esperas una señal, ésta es la señal.

Una mujer pasa y fija los ojos en la frase.

Sin detenerse, sigue su camino.

Quizá el ritmo de sus pasos cambió durante algunos metros. Pero poco, que hay mucha prisa.

"¿Será que la felicidad me va a encontrar?", se pregunta alguien.

En medio de la multitud, hay que levantar el brazo.

¿Por qué te elegiría, la felicidad, si todos tienen la mano levantada?

En la ciudad, demasiadas personas repitiendo: "¿Será que la felicidad me va a encontrar?"

Una mano levantada es más visible en pleno campo o en el desierto. Pero hay menos gente para verla.

Es una cuestión demográfica: Dios tiene que estar más atento a las ciudades.

Si esperas una señal, ésta es la señal.

Nunca te des por vencido, nunca desesperes.

En la calle, paso lento o rápido. Avanzar y evitar lo que surge antes del choque: la simple cercanía.

Estar cerca sustituye en estos días al roce concreto y al choque frontal.

Como si la sensibilidad y el tamaño del cuerpo humano hubieran aumentado.

A menos de un metro, el nuevo cuerpo ya siente dolor.

En la calle, personas como piezas del enemigo, detenidas y en movimiento de ataque o de defensa.

Auden: "Porque aquellos a los que les horroriza ahogarse pueden morir de sed".

Ni naufragio antes de tiempo, ni sed innecesaria.

Un pensamiento: en la calle, y el ajedrez de nuevo.

Pienso en el elegante movimiento del caballo que pasa sobre los obstáculos sin morir y sin matar.

En vez del arte del vuelo, el arte del caballo: he aquí el pedido a Nuestro Señor de Estos Días.

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