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Diario de la peste 5: Levanto los talones, después la punta de los pies

Día a día, el gran escritor portugués y maestro del texto breve busca poesía en el sombrío mar de la cuarentena. Infobae reproducirá sus columnas, que son originalmente publicadas por Expresso y que, traducidas por Paula Abramo, tomarán forma de libro en Interzona.

Levanto los talones, luego la punta de los pies.

Un partido de futbol Gremio-Flamengo.

"Deje de vivir con dolor en las articulaciones", informerciales en la televisión.

Oprimo un botón.

Oración del Papa por la humanidad, canal 1.

La Plaza del Vaticano vacía.

El Papa le habla a un enorme espacio vacío.

Oigo en muchas casas personas que se arrodillan.

Hay cosas que es posible oír en determinados momentos y en otros no.

En estos días, se oye todo.

Hasta el ruido de alguien que se curva a muchos kilómetros de distancia.

Suenan las campanas en la basílica de San Pedro.

El arte de tocar campanas, un arte de las manos, del control de la fuerza.

Campanas que no aceptan que las toquen mecanismos.

Campanas de metal humano.

Pero en estos días a veces han sido las máquinas las que permanecen en sus puestos, cumpliendo su misión, sin miedo.

A veces es necesario rendir un homenaje a las máquinas.

Ellas permanecen.

Alguien me dice que no había nadie para tocar las campanas.

Sólo las máquinas.

Auden: "...sufren, no hacen otra cosa."

No hablaba de las máquinas.

Caricaturas, canal 2.

Programas vespertinos: ¿Qué le parece todo esto? Le pregunta alguien a alguien.

No sé de qué hablaban, pero uno de ellos responde y otro escucha.

Canales informativos: uno, dos, tres, cuatro, cinco. Dejo de contar.

Bérgamo, ciudad terriblemente golpeada.

Ayúdenos, dice el director de un hospital en Bérgamo.

Una adolescente de 13 años muere en Francia.

La industria de perfumería francesa de lujo produce alcohol protector.

No hay mejor olor que el olor de un ser humano vivo.

Cuatro enfermeros elevan un cuerpo en la puerta del hospital y lo transportan apoyado sobre sus hombros: un enfermo, está vivo.

En Estados Unidos hay miles y miles de infectados.

Conductores de camiones avanzando por una Europa desierta.

Un programa sobre perros que no pueden ir a ninguna casa porque no tienen aún los papeles en orden para que los adopten.

Perros con problemas mentales, falta de compañía.

Perros con los codos fracturados, radiografías de patas de perros.

Después de ver tantas radiografías de pulmones es raro ver radiografías de patas o piernas.

En estos días, pareciera que el cuerpo humano sólo tiene pulmones.

Nos asusta la presencia del resto del cuerpo.

Parece una invasión. Un insulto.

Televisión, cambio de canal.

Un programa que se llama isla del amor, donde hombres y mujeres cubiertos de tatuajes y en traje de baño fingen cuidar a un niño que en realidad es un muñeco.

Un muñeco que imita a un bebé, llora, y creo que a cada pareja musculosa le dan puntos por la forma en que trata al bebé muñeco.

Covid 19, dudas en un canal: cómo bañar y al mismo tiempo guardar la distancia respecto a alguien que está infectado y es incapaz de moverse.

50 ancianos se trasladan de un asilo a un hotel.

Ahí viene Everton, vamos a ver qué hace. La narración del Gremio-Flamengo.

Partido grabado y transmitido en un canal.

No vi qué hizo Everton.

Me levanto para ir por una manzana.

Un cuchillo, una manzana, un aura negra en torno.

Es necesario comer.

Una niña, en Italia, le sopla a una manzana como si estuviera apagando las velitas de un pastel, le sopla para ahuyentar al virus.

Hay un ritual.

Comerse una manzana se convierte simbólicamente en un cumpleaños.

Los cumpleaños se vuelven diarios.

Auden: "Aquí la guerra es imponente como un monumento"

Un amigo me manda un SMS, me pregunta por mi ángel de trapo.

Le respondo que hace días no lo veo. Que lo perdí de vista.

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