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El caso Mike | Salvar al Nombre-del-Padre del silencio al que lo obliga el cálculo infinito del mundo.

Perla Drechsler

La presentación en la EOL del último libro de Gustavo Dessal, El caso Mike, fue sin duda alguna un acontecimiento. La Secretaría de Biblioteca[1], presidida por Alejandra Loray, nos dio cita la tarde del sábado diez de abril. Junto al autor, dos comentadores de excepción iluminaron el evento: Eric Laurent y Mónica Torres.

Uno de los escritores predilectos de Borges, el escocés Stevenson dice que una de las cualidades esenciales que debe tener el escritor es el encanto, sin encanto lo demás es inútil. Dessal lo tiene en su escritura. El recorrido que desarrolla página tras página nos captura, cautivándonos con su narración.

La presentación on-line, coordinada por Alejandra Loray con precisión, comienza con un precioso video. Con ojo cinematográfico Lore Buchner da cuerpo a Mike Benítez, al Dr. Palmer, a Beth, sin olvidar el Hospital Solomon Carter Fuller.

Mónica Torres propone como título de su comentario: "Lo que sabemos y lo que nunca sabremos", y destaca del libro el siguiente epígrafe: "nada logra reproducir el acto inaugural de las palabras que fecundan un cuerpo".

Es un libro del Siglo XXI, nos dice, acorde con la subjetividad de la época. Comienza como una novela policial y con la loca carrera sin ropaje de Mike Benítez por las calles de Boston hasta que éste termina estrellado en una tienda. Mónica Torres nos revela una de sus aficiones tempranas: la novela policial. Con tino compara al Dr. Palmer con los clásicos de la novela negra, con el novelista americano Dashiel Hammett o con Raymond Chandler. También, con el detective Mario Conde del escritor cubano Leonardo Padura, o con el escritor catalán Manuel Vázquez Montalbán y su célebre detective Pepe Carvalho.

Pero a diferencia de los detectives citados, el saber que persigue el Doctor Palmer, el psiquiatra hospitalario de Boston y psicoanalista, es de otra índole.

Mónica Torres pondrá el acento en las múltiples parejas del libro, así como en los personajes desdoblados. El Dr. Palmer con Gustavo Dessal. La pareja que constituye el Dr. Palmer con la entrañable Beth, su secretaria/enfermera, cuya opinión tiene gran peso para Palmer y es quien lo lleva al hilo de su intriga. La dupla del Dr. Palmer con Benjamín Castaing, el hombre de color, el muy buen mozo juez y ex paciente de Palmer, ahora amigo. Ambos viudos y amantes de la gastronomía. Notemos, que sus pasiones gourmets nos deleitan con exquisitos platos.

Mónica Torres hará hincapié en aquellas temáticas que tienen un carácter poroso en nuestra época, que carecen de fronteras sólidas constituidas, como la relación al sexo, a la libertad, al bien y el mal y aquellas, en las que por el contrario, se ha construido un dique de separación sólido, la de los ricos y los pobres, la segregación relativa al color de la piel, y a la que a veces inducen las religiones.

El caso Mike no se inscribe en el real del siglo XX, como sí lo hace El caso Anne, en ese lugar donde se acaban las palabras: la Shoah.

Mike Benítez es un hacker, un pirata informático y psicótico, que accede a cierta información comprometida. Condensa un significante mayor de nuestra era, de nuestro siglo XXI.

Pero lo que nunca sabremos no está en la computadora, ni en el ADN. El Dr. Palmer cree que nada logrará reproducir el acto inaugural de las palabras que fecundan un cuerpo. El acto inaugural, la marca de goce única. Aquello que ni el panóptico de Bentham podría detectar. El punto en donde las neurociencias y los progresos de la tecno-ciencia deben rendir sus armas.

Los ojos vigilantes no sabrán nada de la singularidad irrepetible del parlêtre, ni de su poema indescifrable, concluye de un modo muy bello Mónica Torres su comentario.

Por su parte, Eric Laurent acordará en muchos aspectos con la perspectiva tomada por Mónica Torres en su exposición. Uno de ellos es que el tema de la novela es el saber. Inscripto en la tradición de novelas como la de Umberto Eco, El Nombre de la Rosa. Explora lugares del conocimiento. Hay piezas pero que no son necesariamente piezas de un todo, nos dice Laurent. La cuestión del todo es central en lo que concierne al saber y el mundo. El mundo como todo es una trampa que parece no tener huecos. Un mundo que carece de Otra escena.

En la novela se habla con los muertos, con los seres queridos, nos dice Laurent, también como lo señalaba Mónica Torres.

En cuanto a los aspectos formales, Laurent destaca el uso por parte de Gustavo Dessal de una lengua clásica, no el de una lengua experimental. Y la inscripción de una topografía detallada de Boston, en la que el autor ambienta su novela subrayando circuitos.

Sin embargo, para Laurent, el libro contiene una topología secreta: la circulación entre los discursos. El discurso del bien, de lo políticamente correcto y el de su reverso, el de lo intratable del goce.

Se deslinda un diálogo crucial entre el discurso del derecho y el de la ciencia. Dos modalidades esenciales de la codificación del mundo, de asir su real.

De manera clásica nos dice Laurent, la novela comienza con un mensaje indescifrable para descifrar, y que se refiere al saber como tal: "lo sabemos todo". El investigador masculino se desdobla, al mejor estilo de Edgar Alain Poe y de Sherlock Holmes. Tenemos el desdoblamiento Palmer/Gustavo Dessal como lo indicaba Mónica T, dice Eric Laurent.

El desdoblamiento no es sólo utilizado en las novelas policiales. Recientemente en una conversación vía Zoom sobre la presencia del analista, una AE con mucho brillo daba cuenta de un período final de su análisis en el que prevalecía la transferencia negativa. El analista durante esa conversación dijo "¡Pero qué hacía el tipo en esos momentos!". Como si hablara de un tercero, o encarnando la voz de un coro antiguo.

Retomando el comentario de Laurent sobre El caso Mike, al desdoblamiento frente al enigma se lo conoce desde la novela antigua: entre amo y esclavo, entre criado y amo, renovado por Cervantes en el Renacimiento y por Diderot en la época de las Luces con El sobrino de Rameau. Pero a partir de S. Holmes nos enseña Laurent, una variante en el diálogo se produce. El razonamiento tiene que proceder de un diálogo entre dos hombres de igual condición: Holmes con Watson, por ejemplo. Pero, añade Laurent, los dos hombres deben compartir un exceso. Holmes, la cocaína para acompañar sus excesos de razonamiento. En la novela americana reina el alcohol. El diálogo será violento, brutal, sádico. En el libro, la pareja constituida por el Dr. Palmer y el juez, el académico de Harvard en posición de amo, encarna la ley. Una suerte de Obama sin Michelle, un viudo que la muerte de su esposa lo lleva a iniciar un análisis con el Dr. Palmer. Entre ellos, un hedonismo refinado los mantiene en el área del principio del placer. El exceso se expresa en un plus-de-saber, en la búsqueda ilimitada de la verdad, llevándolos a una zona fuera de la deontología y a la incursión de la cara oscura de la ciudad.

Palmer se interesa al principio en el sentido del enigma y luego como en la carta robada de Edgard-Alain Poe comentada por Lacan, se interesa en la materia, en el pedazo de carta en su materialidad, en el objeto.

El agalma, el tesoro, el motivo y causa perfecta de nuestra época, es la base de datos, el robo de datos, aquellos datos hurtados que han generado grandes escándalos de la sociedad de vigilancia. Elegir a un hacker, como Mike, es realmente elegir un tema de nuestro tiempo, insiste Eric Laurent.

Toda la prensa de investigación nos ha dicho sobre lo que nunca sabremos.

Los secretos informáticos se encarnarán en discos duros y nunca serán encontrados por la policía, terminarán en manos del Dr. Palmer.

El agalma se convertirá en Palea, en Sicut Palea en manos del Dr. Palmer, en secretos inútiles.

El Dr. Palmer posee un saber clínico que depende de otro orden que el del conocimiento de la ciencia o el del discurso del derecho. El sabe burlarse de la normalidad y de la adaptación a la American Way of life, a la adaptación pragmática a un mundo sin ningún exterior.

La concepción freudiana del Dr. Palmer limita el imperio del cognitivismo, e incluye un interrogante lacaniano al preguntarse si no estaremos todos locos.

Nuestra civilización dista mucho de ser la de la "Kultur" freudiana. El mundo globalizado en el cual estamos inmersos, es un mundo del cual no podemos escapar. Cada uno es vigilado por todas partes. Se trata de la esencia paranoica del vínculo social, y no la neurótica.

Gustavo Dessal sabe hablarnos, comenta Laurent, sabe cómo transmitirnos el principio fundamental de la interpretación analítica: para que las palabras percutan es necesario que infrinjan la estupidez común. No creer que el bien es amigo de lo bueno.

La escucha psicoanalítica nos hace leer que el terror temprano de Mike a ser devorado por leones, está enlazado con el hecho de que su propio padre se llama Leonardo. El león vuelve en lo real.

Durante un buen rato Gustavo juega con nosotros. Hasta la revelación final una serie de básculas dialécticas se producirán.

Sólo sabremos casi en la penúltima página que es Mike a los 5 años que ha puesto las balas en el gatillo del revolver de su padre.

Con el consentimiento del autor, Eric Laurent no puede no develar el final del libro. Se trata de un caso de parricidio, nos dice. Como el de Michel Foucault: "Yo Pierre Rivière habiendo degollado a mi madre mi hermana y mi hermano", para hacer tambalear y poner en tela de juicio al complejo de Edipo freudiano, al poder del padre. Deseo que Michel Foucault perseguía con fervor.

Pero en el epílogo, a diferencia del deseo de Foucault, se restituye la relación de un padre con su hijo.

Y Palmer, en relación a los nombres que puedan serle útiles a su nuera Ellen para su tesis de ciencias políticas, cita a Lacan, Foucault, Derrida, Agamben, y añade esta frase memorable: no olvides al viejo Freud. El está tan o más vivo que los otros que vinieron más tarde.

Sí, dice Eric Laurent, es un libro que habla con los muertos y que quiere salvar al Nombre-del-Padre del silencio al que lo obliga el cálculo infinito del mundo.

En la última página, el Dr. Palmer evoca una fantasía erótica con una mujer muy bella y médica y esto hace que Palmer pueda acceder a un mundo habitable.

Eros como último amparo frente a lo inmundo del mundo, como Lacan nombraba al mundo, parafraseando a Baltasar Gracián.

Por último, Gustavo Dessal hizo un brillante relato, del cual sólo querría transmitir el nombre de Frank Ahearn, único individuo en el mundo a quien podríamos necesitar acudir para encontrar a alguien en el mapa, o hacerlo desaparecer del mundo globalizado.

Lectores, no deben privarse la felicidad de leer El caso Mike, lleno de delicias y deleites, ni de tener la alegría de escuchar y/o ver la bellísima presentación de su libro.

Vuelve el hechicero de la palabra: El lanzador de cuchillos, de Steven Millhauser