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El corazón de un mundo que se regenera

A casi veinte años de su aparición, vuelve a publicarse “Villa Celina”, veinte relatos breves organizados por una misma locación y con personajes entrañables.

Nueve libros editados, uno por venir (“República argentina de los muertos”) y muchas experiencias sobre el lomo. Podría decirse, para colar una cita cinéfila o medio nerd, que Juan Diego Incardona (54 años) fue y volvió del planeta Orión, como el personaje de Rutger Hauer en la peli de ciencia ficción Blade Runner. Aunque Incardona está vivito, pisteando y -sobre todo- escribiendo.

En su caso, lo que presenció en el pasado resurge -una y otra vez, condena cíclica de la Argentina- en el verano mileísta del 2026. Lo resume en una frase, pronunciada con la autoridad del testigo: “Yo he visto los cierres de fábricas. He visto cómo los talleres industriales mutaban en parripollos y cómo los torneros se convertían en remiseros”.

Incardona es un gran cronista de esa tierra extraña, ajena y bárbara para el canon literario, que es el Gran Buenos Aires. Nació en CABA pero hasta los 27 vivió en una localidad del primer cordón de La Matanza. Esa locación lo marcó y lo catapultó al mundillo literario: Villa Celina (2008, editorial Norma) fue su primer título imaginado específicamente como libro. Ahora se reedita (publica Interzona), tras agotarse en librerías.