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El guiño de Quignard

Por Silvia Hopenhayn

Pasó por Buenos Aires uno de los ¿escritores?, ¿filósofos?, ¿músicos?, ¿poetas? más adorados y a su vez, difíciles de encasillar. Él mismo rehúye a toda clasificación y prefiere andar en los “entres”, pasearse por las fronteras difusas de los saberes  (siempre incompletos), rasquetear el lenguaje para encontrar antiguas sonoridades. “Desmalezar”  en lugar de pulir. Me refiero a Pascal Quignard, autor de Sexo y espanto y de la serie que conforma “Último reino”, como sus Sordidísimos. Invitado por la Untref –correspondiente al ciclo de lecturas Frost de la maestría en Escritura Creativa implementada por María Negroni–, se encontró con verdaderos fans y una cola que daba la vuelta a la calle Chacabuco para ingresar al Teatro Margarita Xirgu. Escuchar sus palabras implicaba adentrarse en el más allá del aquí mismo, en el fondo del presente, en lo perdido que se manifiesta como una “alucinación”. No sabíamos que era tan simpático, quizá influenciado por su vocación actoral o su dedicación a la música. Pero también hay que decirlo, no hace falta ser complicado para lidiar con lo complejo. La amabilidad y la sonrisa aligeran toda pretenciosidad. Walter Romero, escritor y traductor amigo que almorzó y cenó con Quignard, lo evoca con la gracia de las buenas personas. Curioso, profundo, sibarita. También cuenta que el autor francés jamás olvida su encuentro con Borges, ya ciego y visionario.

La conferencia se titulaba ¿Qué es una novela?, y la respuesta fue bella e inasible: “El libro que nace del decir que se retira”. La novela como huella, traducción del mundo, olvido. El aplauso afectuoso se correspondió con la dedicación de Quignard a firmar todos los libros que le pidiesen, otra cola interminable en el hall del teatro. Nunca se le apagó la sonrisa del rostro.

 

Ganador al mejor libro argentino de creación literaria: "El náufrago sin isla" de Guillermo Piro es la obra ganadora del Premio de la Crítica de la Fundación El Libro 2024