interZona

Eso tan peligroso que los abuelos transmiten a sus nietos

En libros recientes, grandes ensayistas vienen explicando el mundo de las ideas a los chicos. El autor, psicoanalista, muestra por qué eso tiene que ver con un cambio en el papel de madres y padres. Y qué enseñan.

Corromper, como Sócrates

¿Qué hacen los abuelos –desde la mirada parental– sino corromper a los nietos? En nuestros días es frecuente el malestar de esa tercera generación (más bien, primera) que siente que sus hijos (ahora padres) no los dejan participar de la crianza. No pocas veces los abuelos cuentan, con incomodidad, que sus hijos buscan decirles cómo criar a un niño, cuando ellos quizá ya tuvieron tres o cuatro. Las familias del siglo XXI, cada día más replegadas sobre sí mismas, con cada vez menos hijos y padres devenidos casi especialistas en infancias (en plural), pero hiper-temerosos, expulsó a los abuelos como referentes de transmisión. La aparición de este tipo de libros quizá sea la expresión de un síntoma colectivo.

De acuerdo con esta orientación pueden entenderse las palabras del filósofo Alain Badiou, quien en 2016 publicó una serie de conferencias para jóvenes con el título La verdadera vida y en las primeras páginas llama la atención sobre su situación: un viejo de 79 años con la pretensión de hablar a y sobre la juventud. En efecto recuerda que, si por algo fue condenado a muerte Sócrates, el padre de todos los filósofos, fue porque se lo acusó de corromper a los jóvenes.

Con una voz cristalina, Badiou retoma la misma idea que planteara Lyotard en su momento: vamos hacia una sociedad sin distinción entre generaciones, en la que ya se perdieron los rituales de iniciación en la adultez: “El hecho de que no haya iniciación es una circunstancia que tiene un doble sentido. Por un lado expone a los jóvenes a una suerte de adolescencia infinita y […] también acarrea una puerilización del adulto. Una infantilización”. Con algo de cascarrabias, Badiou les dice a los jóvenes que no se dejen engañar, que la obsesión actual por la libertad esconde caer en la trampa del mercado y no deja convocar a un acto parricida: “Les propongo una idea militante. Sería muy justo organizar una amplia manifestación para una alianza de los jóvenes y los viejos, a decir verdad, dirigida contra los adultos de hoy. Los más rebeldes de los menores y los más duros de los mayores de sesenta contra los cuarentones y los cincuentones”. ¡La revolución de los abuelos!

Está claro que Badiou no es un romántico. Está muy preocupado por el mundo de hoy; en particular por el desvío sexual de los jóvenes, para los cuales la sexualidad dejó de ser el inicio en una actitud adulta y permanece como mero goce infantil, como placer vacío que no compromete con nada. La adolescencia infinita se vuelve exclusivamente pornográfica. Lo explica en estos términos: “Entiendo por pornografía una sexualidad a-subjetiva. Esta se sostiene en el orden del mercado del cuerpo en la repetición de la inercia. Está claro que la violación en banda puede ser una figura de esta pornografía, así como además la evidente miseria sexual, la abstinencia forzada frente al diluvio de imágenes”. Leer estas líneas a la luz de los episodios más recientes de nuestro país, es la manera de conceder que los abuelos no nos hablan desde la nostalgia ni con la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Son quizá quienes mejor conocen el futuro.

Los abuelos nos nos hablan desde la nostalgia ni con la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Son quienes mejor conocen el futuro

August Eschenburg: Una pieza de relojería fantástica del ganador del Pulitzer Steven Millhauser