La fascinación de Millhauser por la conquista artística de la animación también lo llevó a escribir un par de relatos históricos ambientados en la era precinematográfica y en los albores del cine. “El pequeño reino de J. Franklin Payne” (en Pequeños reinos)[1] y “Un precursor del cine” (en Risas peligrosas) sumergen al lector en la serie de experimentaciones artísticas y técnicas que desembocan en un logro innovador: la capacidad de “hacer que las imágenes se muevan” (RP 243), para desconcierto del público moderno. “Un precursor del cine” es la biografía ficticia de un artista olvidado, Harlan Crane, que vive en la ciudad de Nueva York durante la década de 1880. De manera misteriosa, es capaz de animar sus pinturas, que exhibe en escena como un ilusionista. Su vida está salpicada de alusiones al inventor francés Émile Reynaud (1844-1918), precursor del dibujo animado.[2] El segundo relato, “El pequeño reino de J. Franklin Payne”, es una novela breve ambientada en la Nueva York de los años 1920, que detalla la práctica artística de Franklin, un avatar ficticio del caricaturista y animador estadounidense Winsor McCay (1869-1934).