Más que una narración lineal una composición visual y conceptual, una arquitectura de escenas que se superponen, se desvían y se iluminan. Y quizás en ese juego de capas y encuadres Scott vio que yo podía leer desde esa sensibilidad que no busca explicar sino observar cómo se arma lo que vemos.
Hay una relación particularmente provechosa para pensar y es la que existe entre dos palabras griegas que, aunque distintas, comparten una raíz y una tensión: eikón, que significa imagen, y eikós, que se traduce como verosímil. Ambas remiten a la idea de representación, pero desde lugares distintos: una desde lo visible, la otra desde lo creíble. Pensar la imagen no solo como algo que se ve, sino como algo que se construye para parecer. Creo que en esta línea podré esbozar algunas ideas que se conectan como modos de emergencia de lo inconsciente en la novela de Edgardo. No quisiera hablar de las fábulas o la trama, sino más bien del principio constructivo: componer con imágenes una imagen de lo real.
La profesora María Isabel Santa Cruz relaciona la imagen con el eikón, es decir, el símil, y con mayor precisión en Platón, con la verosimilitud:
Se introduce la figura del demiurgo como la mejor de las causas, que copia mirando un modelo eterno, y se señala luego el carácter de copia o imagen (eikón) que es propio del universo visible (28a 4–29b 2). Establecida la distinción entre modelo y copia, Timeo afirma ahora que todo discurso explicativo tiene necesariamente un parentesco con aquello que él explica; en consecuencia, los discursos que expresan lo que es inmutable, estable y transparente a la inteligencia tendrán que ser, también ellos, inmutables, fijos y, en la medida de lo posible, irrefutables. Aquellos discursos, en cambio, que expresan lo que está hecho a imagen de lo inmutable y que es, entonces, un símil (eikón) de él, ya no serán verdaderos sino verosímiles (eikótes) (Santa Cruz: 181).
A pesar de la dificultad para distinguir entre eikón y eikós, Santa Cruz opta por establecer dicha distinción desde el castellano, proponiendo que signifiquen, respectivamente, “símil” y “verosímil”. De esta forma, el discurso verosímil, según la autora, también expresaría un determinado tipo de conocimiento: el que tendría que ver con la doxa (el conocimiento de los sentidos) junto con la nóesis (el conocimiento intelectual), y aquello que Platón en La República denomina diánoia. Luego de diferenciar lo visible y lo inteligible, Platón distingue en el segmento inferior dos tipos de objetos: 1) imágenes o eikónes, que son las sombras y figuras que se forman en el agua y en toda superficie pulida y brillante, y 2) los seres naturales y objetos artificiales, de los cuales las imágenes son imágenes. Las imágenes y las cosas son visibles y producen opiniones. En ese sentido, existen dos tipos de doxa: la imaginación (eikasía), que corresponde a las imágenes, y la creencia (pístis), que corresponde a los objetos:
El primer modo de conocimiento recibe el nombre de diánoia, pensamiento discursivo, mediato, mientras que el segundo se denomina nóesis, pensamiento intuitivo, directo, inmediato. Platón ilustra al saber dianoético con las ciencias matemáticas, que proporcionan una visión del ser más oscura que la dialéctica, pero más clara que la doxa. Interesa a nuestro propósito destacar que el modo de proceder de los matemáticos necesita indefectiblemente apoyarse en imágenes visibles, en eikónes, en símiles (182).