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La risa

Por Jorge Martin


En Francia, existe una larga tradición de escritores y pensadores que reflexionan sobre la risa y los fenómenos asociados a ella. Entre otros, cabe mencionar a Rabelais, Descartes, Voltaire y Baudelaire. Este libro, compilado y traducido por Matías Battistón, recopila una serie de textos y fragmentos escritos sobre el tema por Henri Beyle, más conocido como Stendhal (1783-1842).
Si tenemos en cuenta las diversas teorías sobre la risa, Stendhal es tributario de las que ponen el acento en el sentimiento de superioridad del que ríe y en la degradación del objeto risible. Es por eso que cita, en más de una oportunidad, a Thomas Hobbes (De la naturaleza humana, Leviatán), si bien esta postura ya encuentra antecedentes en la antigüedad clásica (Aristóteles, Cicerón).
Stendhal era plenamente consciente de la complejidad filosófica del tema. Y así como nunca pudo concluir una comedia (él que aspiraba a ser el sucesor de Molière) tampoco pudo integrar estas diversas notas teóricas en una obra de conjunto sobre la risa. Incluso llegó a escribir en 1822: “No he avanzado en mis ideas en los últimos diez años. Cada vez que pienso en lo cómico, no hago más que caer en senderos ya transitados hace mucho”.
El lector contemporáneo se sorprenderá, no obstante, con la similitud entre algunos de sus pensamientos y ciertas ideas desarrolladas por otro de los grandes estudiosos de la risa en la tradición filosófica francesa, Henri Bergson. Si bien en su célebre La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico (1900), no menciona a Stendhal (en realidad, no lo nombra en ninguna de sus obras), uno no puede dejar de preguntarse si no habrá influido de alguna manera en la elaboración de su teoría.

Un ejemplo paradigmático que comparten los dos autores es el de la persona que cae involuntariamente. Stendhal hace referencia a un joven que se dirigía a un baile y que se cayó al descender del carruaje. Por su parte, nos dice el filósofo: “Un hombre que corre por la calle tropieza y cae; los transeúntes ríen”. A partir de esta imagen, Bergson plantea que la causa de lo cómico es la rigidez, el automatismo y la falta de adaptación que se observa en un individuo (lo mecánico adherido a lo viviente).
Lo que puede cortar con la risa es la compasión: “Si ese joven atractivo que iba al baile y que se cayó al barro tiene algo de picardía, y al levantarse empieza a arrastrar una pierna y a dar la impresión de haberse lastimado de gravedad, en un abrir y cerrar de ojos todos dejarán de reírse y se horrorizarán”. En esta línea, Bergson sostiene que “la risa no tiene mayor enemigo que la emoción…Lo cómico exige pues, para producir todo su efecto, algo así como una anestesia momentánea del corazón”.
Lo cómico, a su vez, se disfruta más estando en compañía. Stendhal sostiene la existencia de una simpatía física e intelectual entre las personas: “Uno bosteza cuando ve bostezar a los demás. Por una razón similar, mientras más numerosa sea la compañía, más nos reiremos. Un hombre nos cuenta una anécdota en un salón en el que hay cómodamente veinticinco personas  reunidas en diversos grupos: nos reímos de la anécdota; vemos cómo se ríen los demás; la risa aumenta”. Y Bergson lo confirma: “Nuestra risa es siempre la risa de un grupo…¿Cuántas veces se ha dicho que la risa del espectador, en el teatro, es tanto más generalizada cuanto más llena está la sala?”.
La risa es un placer generado por la percepción de lo ridículo en el otro, de lo cual no es consciente este último, porque si lo fuera lo modificaría. Cuando Stendhal concibió un premio literario para que se implementara cuando falleciera (en el que se deberían responder ciertas preguntas, entre otras, ¿qué es la risa?, ¿qué es lo más cómico?), el premio iba a consistir en una medalla de oro; en una de sus caras tendría que figurar la inscripción Nosce te ipsum. Siguiendo al Sócrates del Filebo platónico, el escritor recomienda seguir la máxima délfica del “conócete a ti mismo” para no caer en ridiculeces. En este sentido, Bergson afirma: “Un personaje cómico es por lo general cómico en la exacta medida en que se ignora a sí mismo. Lo cómico es inconsciente”.
Por último, cabría mencionar la importancia que le otorgan los dos autores al tema de la vanidad en relación con lo cómico. Para Stendhal, “uno siempre se ríe de la vanidad decepcionada”. Y por eso considera que “la corte es la verdadera patria de la risa”. Por su parte, Bergson la considera el defecto más superficial y más profundo: “En este sentido, podría decirse que el remedio específico contra la vanidad es la risa, y que el defecto esencialmente risible es la vanidad”.
Con estas breves referencias, no se agota el contenido del libro. Simplemente, hemos tomado un hilo conductor para presentar algunas de sus tesis más destacadas. Hace ya varias décadas que se viene estudiando la famosa ironía stendhaliana. De a poco, la crítica actual también va reconociendo que la categoría de lo cómico es útil para el abordaje de su obra. Por tal motivo, la publicación de este texto, bien prologado, traducido y anotado, es muy oportuna. Permite tener acceso a una faceta no tan conocida del autor de Rojo y negro.



 

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