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“Medea meditativa”: variaciones sobre la mujer que quita y da vida

Diálogo con Emilio García Wehbi, quien hoy estrena su propia versión en el Teatro Nacional Cervantes sobre textos de Pascal Quignard. Por Carolina Liponetzky

“El género femenino en términos biológicos tiene la potencia de dar o anular la posibilidad de la existencia”,dice Emilio García Wehbi, quien estrena hoy su versión de “Medea” en el Teatro Cervantes. El personaje de Medea oscila entre la capacidad de reproducir y destruir, entre la fecundidad y la muerte. Infanticida, hechicera y maldita, aniquila en la tragedia de Eurípides en Grecia y Séneca en Roma la institución del matrimonio y el legado de la maternidad.

Wehbi tomó textos de Pascal Quignard y añadió otros, para este montaje denominado “Medea meditativa”, que indaga en la relación entre la tragedia griega y el teatro contemporáneo, a través de una reactivación escénica del mito de Medea, la madre que tiene el goce y el poder de hacer aparecer y desaparecer todo. Con actuaciones de Maricel Alvarez, Walter Jakob y el propio Wehbi, cuenta con el músico en escena Marcelo Martínez y diseño de escenografía y objetos de la artista plástica Nicola Costantino. Dialogamos con García Wehbi.

Periodista: ¿Cómo es esta versión de Medea?

Emilio García Wehbi: Me basé en el texto de Pascal Quignard que es parte de un libro, “El origen de la danza”, y reflexiona de manera poética sobre la temática de Medea. El resultado de esta versión no es una lectura lineal ni un drama en términos clásicos, ni un desarrollo dramatúrgico standard. En la adaptación que hice combiné tres textos que resultan en una suerte de ensayo acerca de la tragedia como formato, tomando como eje el mito de Medea. Busqué una reflexión acerca de las condiciones iniciales de la tragedia como sistema teatral, y por otro lado sobre las condiciones intrínsecas de la femineidad en relación a la maternidad, al cuerpo femenino como potencia para dar vida y para quitarla también. Hay un carácter emancipatorio en las lecturas más clásicas de Medea, no sólo las contemporáneas.

P.: ¿Cómo diseñó la puesta en escena apoyado en el concepto visual de Nicola Constantino?

E.G.W.: Es una estructura maquinal, todos los elementos de la escena se complementan de manera mecánica: las pistas y la música en vivo, la estructura visual, el texto y la interpretación arman un todo que no es monopólico del actor sino que todos los objetos configuran la obra. Tomo de Nicola Constantino un período en el que trabajó con nonatos y reproducción de animales recién nacidos y fallecidos. Hay un juego con la presencia y no presencia del cuerpo humano y la condición animal de los mamíferos que somos los humanos. Los cuatro elementos que mencioné antes, música, texto, escena y actuación se conjugan en esa maquinaria escénica no convencional.

P.: ¿Cuál es la vigencia de “Medea”?

E.G.W.: El mito de Medea describe a una madre que mata a sus hijos por pasión o venganza, entonces se pone en cuestión la obligatoriedad de maternar, la tensión entre las pasiones. Ella mata por haber sido abandonada por Jasón, hay una relación complicada entre la maternidad y la femineidad que me interesa explorar, sin tomar partido ni aseverar, sólo estableciendo preguntas. En esta coyuntura aparece la cuestión de lo femenino en obras, películas, literatura, artes visuales, prácticas sociales, política, es un espíritu de época y muchas veces aparece como espejo. Mi versión pretende ir un poco más allá y excavar en lugares más incómodos.

P.: ¿Cómo es este regreso al Cervantes luego de “Tiestes y Atreo” en 2018?

E.G.W.: En aquel momento trabajé en la sala grande con 12 intérpretes y la gente del teatro era muy proactiva a mi propuesta, que era compleja en escenografía, con dos cambios, y se generaba mucha suciedad por función pero siempre la actitud fue positiva. Lo mismo esta vez, en todos los rubros, talleres, vestuario, utilería la experiencia es buena.

P.: ¿Sigue sin ir al teatro?

E.G.W.: Soy reacio porque maximizo mi tiempo produciendo y prefiero no contaminarme con modas o tendencias, quiero mantener esta singularidad.

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