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Millhauser acepta el silencio

Una entrevista exclusiva con Steven Millhauser, escritor norteamericano nacido en 1943, ganador del Pulitzer, cultor del fantástico y el relato extraño. "En la infancia me cautivaban dos tipos de experiencias: las maravillas familiares, que buscaba disfrutar una y otra vez, y los descubrimientos nuevos y superadores", cuenta.

Steven Millhauser tuvo una carrera larga y soberbia. Nacido en 1943 en Nueva York y criado en los suburbios de Connecticut, publicó Edwin Mullhouse, su primera novela, en 1972. Si bien escribió varias novelas más, la última de ellas fue Martin Dressler, de 1996. Esta obra le valió el Premio Pulitzer de Ficción, pero desde entonces su trabajo se volcó más que nada a las formas breves.


Varias veces, Millhauser ha declarado su preferencia por los cuentos y por el género fantástico. Es algo que lo podría emparentar con Borges. Hoy podemos decir que el cuento y el fantástico son formas reivindicadas y perfeccionadas en Argentina, hasta el punto de tener un lugar central en nuestras letras. Sin embargo, el sistema literario de Estados Unidos aún las mira con sospecha, por lo que las novelas y el dominio del realismo parecen ser necesarios para una consagración. Millhauser reniega de esas categorías. No cree que los cuentos o los géneros correspondan por defecto a una literatura menor. Así, aunque su trayectoria y temas lo encolumnen en la gran tradición norteamericana de Melville, Faulkner o Paul Auster, Millhauser suele obtener un reconocimiento menor, incluso de culto. Ha logrado ser respetado y relegado a la vez.

En los cuentos, Millhauser ve que todo puede hacer sentido sin volverse vago ni depender de la buena memoria del lector, y que eso da lugar a una mayor intensidad. Tiene sentido: de la ficción él espera algo punzante que lo “lastime de una forma fructífera”. El primero de sus cuentos fue “El nuevo teatro de autómatas”, salió en una revista en 1981 y fue recolectado en El lanzador de cuchillos, de 1998. Su décima y última colección de relatos, Disruptions, se publicó hace tres años. Desde entonces se llamó a silencio.


Desde hace algunos años, la editorial Interzona está embarcada en la nave Millhauser. En su catálogo ya se encuentran traducciones de Edwin Mullhouse, El lanzador de cuchillos, August Eschenburg y Museo Barnum. Con lo cual hay material de sobra para encontrarse con sus descripciones precisas de relojerías fantásticas y atmósferas extrañadas, sus divertimentos y descubrimientos desconcertantes, sus voces que hipnotizan. Hay teatros de sombras, parques de diversión abandonados y casas embrujadas. Noches eternas y galvanización de personajes históricos. No falta nada.


En esta entrevista, Millhauser reflexiona acerca de su ficción. Como en sus historias, aparece una especie de calma, una voz etérea que disuelve las imágenes y lleva al lector a flotar por mundos oblicuos, a contemplar como en un sueño.