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Reseña de "El sistema de las estrellas", de Carlos Chernov

Después de que La Gran Catástrofe destruyera gran parte de la población mundial, la raza humana establece un sistema social estratificado, compuesto por los proletarios, los burgueses y los millonarios. En el primer grupo se encuentra el protagonista, Goma, un chico de catorce años que sabe que la única manera de salir de la pobreza y la marginación a la que está destinado por su condición social es convertirse en actor de películas de vida, un método que tienen los millonarios para prolongar los placeres de la vida después de liberarse de sus cuerpos.

El sistema de las estrellas es, para simplificar, una ficción distópica. En la historia, la sociedad está dividida muy estrictamente, y son solo los millonarios los que pueden gozar de una buena vida. Los proletarios, en el otro extremo de la pirámide social, solo pueden aspirar a sobrevivir con la venta de su prole. Las mujeres proletarias quedan constantemente embarazadas, venden sus hijos a la Agencia de Amores y así se aseguran su subsistencia. Los millonarios, entonces, eligen los hijos que quieren dentro de muchas opciones.


Tienen, además, otros privilegios: las denominadas “películas de vida”. Los científicos han encontrado la forma de “alargar”, por así decirlo, aquellas cosas de las que disfrutamos en nuestra vida. Así, muchos millonarios son “enfrascados”; esto quiere decir que meten su cerebro en un frasco que a su vez se conecta a la película de vida, y dicho órgano recibe todos los estímulos que producen los actores del filme. Luego de una promesa que le hace a su padre, el protagonista decide entonces que la única manera de cumplirla es convirtiéndose en actor de dichas películas. Pero sabe, también, que el entrenamiento no será sencillo. Deberá pasar por una innumerable cantidad de pruebas para finalmente ser aceptado y patrocinado por algún millonario que vea en él condiciones suficientes como para transformarse en actor.


La novela cuenta con algunas ideas bastante interesantes como para analizar. Tal es el caso de los conceptos como el enfrascamiento, la prolongación de la vida sin el cuerpo, la estratificación en clases sociales, entre otras. Este tipo de conceptos dan lugar a que surjan preguntas que seguramente no tengan una respuesta muy concreta, que tengan varias interpretaciones o, en última instancia, que sean preguntas de las cuales ni siquiera podemos empezar a armar una respuesta.


Si bien el autor no plantea una sociedad sumamente original con respecto a la división de clases (cosa que ya hemos visto no solo en otros textos tanto literarios como cinematográficos sino también en la teoría política y económica marxista), sí innova más con la cuestión de los enfrascados y, lo que a mí más me gustó, con el tema de las películas de vida. Con este tipo de conceptos podemos ver cómo se va desarrollando este afán imperioso de los humanos para prolongar la vida. Pero ahí también surgen preguntas del estilo ¿es nuestra vida un conjunto único de placeres, de cosas disfrutables? Porque en realidad, eso es lo que se plantea en el mecanismo del enfrascamiento. Los millonarios que ya están próximos a morir trasladan su cerebro (que sigue vivo sin necesidad de un cuerpo) a un frasco, y desde allí se conectan a las películas de vida. La tarea de los actores será, entonces, hacer todo lo posible para que lo que transmitan a los conectados sea placentero. Para esto tienen que entrenarse: aprenden a que su actuación signifique que el que está viendo la película (o sintiéndola) disfrute. Ellos saben que cualquier ápice de miedo, de inseguridad o de impulsividad no deseada puede manifestarse en el final de su carrera actoral. Esta construcción argumental fue la que más me gustó y la que más me llamó la atención de la novela. El autor logra darle un buen desarrollo a esta idea, ya que la mayor parte de las acciones que se suceden tienen que ver con ella y con todo lo que ello representa. El valor que le damos a la vida se transforma, entonces, en una cuestión central. Es interesante, a su vez, cómo el autor lo plantea en el sentido de la división en clases. Esto quiere decir que esto de la prolongación de la “vida” (si vida es que el cerebro esté conectado a una serie de estímulos siempre placenteros) no está al alcance de todos. Son solo los millonarios los que pueden gozar de ello, mientras que los proletarios viven únicamente de la venta de sus hijos. No pueden, ni siquiera, pensar en ello. Lo único que pueden hacer es ver cómo tener más descendencia para proveerse lo mínimo para subsistir.


El sistema de las estrellas es una novela que cuenta con una premisa inicial muy convincente o, por lo menos, hace que el lector acostumbrado a este tipo de lecturas se sienta atraído/a por aquel argumento inicial. En ese sentido, arranqué el libro con unas expectativas muy altas, que en realidad se cumplieron a medias. Por un lado, porque considero que el ritmo de la lectura no se sostiene durante todo el libro. No es que la intensidad de una historia, para ser buena, deba mantenerse constantemente. En realidad, lo que ocurre con esta novela es que empieza muy bien, introduciendo a los personajes y a la sociedad a la que pertenecen, pero luego empieza a decaer. Ya hacia el final es casi como si se tratara de un libro distinto. Mientras que el inicio y hasta el setenta y cinco porciento del texto la historia mantiene un buen ritmo, el último cuarto resulta bastante denso.


Por otro lado, y más allá de todo esto, que dentro de todo son aspectos positivos, desde mi punto de vista la novela falla en cuanto al estilo del autor. Chernov tiene una prosa para nada convencional; pero eso, seguramente, no sea lo que la hace débil. Hay muchísimos autores cuyos estilos no son los más comunes, y aún así logran plasmarlos en el libro de tal manera que funcione bien con el desarrollo de la historia. En cambio, en El sistema de las estrellas la prosa del autor me resultó inconexa, y por momentos mal estructurada. El autor, a mi entender, abusa de comas y de signos como los punto y coma en lugares donde son innecesarios o, peor aún, en partes en las que en vez de coma se necesita la pausa mayor que provee el punto. En ocasiones, el estilo de la narración hace que la novela se torne confusa. Más allá de que el autor utiliza un vocabulario no necesariamente difícil pero sí un tanto técnico, lo cierto es que la forma en que Chernov relata hace que uno como lector pueda llegar a perderse con lo que está leyendo o, también, distraerse fácilmente.


En los libros distópicos, que nos ubican dentro de sociedades indeseadas, uno como lector se siente en un terreno podríamos decir desconocido, porque estamos leyendo algo que no vivimos y que no podemos reconocer (tanto). En esos casos, claro está que el autor tiene el deber de explicar un poco, situarnos en contexto. Pero a veces, por la complejidad del tejido social que se está describiendo, los escritores abusan de su capacidad descriptiva. Está claro que no explicar nada de lo que está pasando tampoco es una buena opción, porque los lectores, en ese caso, estaríamos completamente a la deriva, y no entenderíamos nada de lo que estamos leyendo. Siempre es necesario que, por lo menos, algo nos expliquen, que nos determinen el alcance que la historia puede tener. Sin ir más lejos, que nos digan de qué trata la historia y que podamos saber qué esperar, más o menos. Pero tampoco hay que irse al otro extremo, porque entonces el lector quedaría muy limitado como para expandir su imaginación. Si todo nos lo dicen, si todo está ahí, demasiado explícito, el lector no puede imaginarse nada, no puede despegarse un poco e imprimir su subjetividad en ese mundo que está conociendo. Esto es lo que pienso que ocurre con El sistema de las estrellas. El autor se encarga, minuciosamente, de que todo lo que caracteriza a la sociedad en la que vive Goma quede bien explicitado. Pero esto hace que la lectura, en ocasiones (específicamente, como ya mencioné antes, más hacia el final) se torne densa. Son demasiadas explicaciones técnicas que tampoco hacen demasiado a la historia. Quizás, desde mi punto de vista, una mejor idea habría sido mostrarnos cómo es esa sociedad con más hechos, más situaciones en las que se vean sus características, y no tanto con descripciones textuales, para decirlo de alguna forma.


El sistema de las estrellas es una novela que promete mucho con una premisa que da ganas de leerla, pero que no logró colmar todas mis expectativas. Si bien tiene algunas ideas dentro del argumento que son originales e interesantes para analizar, el autor también describe, para mi gusto, excesivamente las características de la sociedad que retrata. El estilo del autor me expulsó bastante de la narración, porque en ocasiones lo percibí muy inconexo y equivocado en cuanto al uso de los signos de puntuación. Con todo, ha sido una lectura distinta, por momentos entretenida y por otros densa, que explora un género no muy trabajado en la literatura argentina.
 

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