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“Ritmo etc.”, de John Cage

Además de compositor, performer, artista visual y célebre especialista y recolector de hongos, John Cage fue un escritor notable, como puede comprobarse en los textos reunidos ahora en Ritmo etc.

¿Qué pensaría Cage del momento en que vivimos? A pesar de haber muerto hace apenas veintiséis años y de haber desarrollado sus concepciones más radicales entre las décadas del 50 y el 70, el mundo ha cambiado a una velocidad tan sorprendente –Internet, por ejemplo, se hizo masiva recién a comienzos de los 90– que mientras muchas de sus visiones son un hecho, otras pueden parecernos desfasadas, cuando no utópicas. La tecnología como instancia de liberación y evolución de lo humano plantea tantos asideros como dudas. Sin embargo, la actitud y la búsqueda de Cage siguen absolutamente vivas, pregnando los espacios donde los debates de fondo siguen siendo los mismos: ¿qué es esa cosa que llamamos arte? ¿Cuál es su relación con los demás aspectos de la realidad? Y, en paralelo, ¿a qué llamamos música? ¿Cómo entran en el juego el ruido y el silencio? Al fin y al cabo, el viejo sueño de las vanguardias, no separar el arte de la vida, ha sido el motor de los más variados experimentos de Cage.

Ritmo etc. recopila los textos que originalmente se publicaron en A Year from Monday (1967) y Empty Words (1979), un fecundo período en el que la escritura se pone en primer plano a través de conferencias, diarios, poemas y textos inclasificables, casi todos compuestos a partir de procedimientos regidos por el azar –el I Ching determinaba las variables del texto: cantidad de palabras por frase y por párrafos, de citas por texto, de fuente tipográficas por página. Matías Battistón, compilador del libro, prologuista y responsable de la notable traducción, intenta recrear el efecto del original llegando a comprobar que mientras más se apega a la rigurosidad de Cage (aunque eso signifique inventar soluciones propias, como en el caso de los famosos “mesósticos), más “justa” (en un amplio sentido) es la versión obtenida.

La mayor parte de los escritos está encabezada por un párrafo que explica su origen –casi siempre un encargo– y el método empleado para componerlos. “Esta adicción al rigor se ve unida a una sed insaciable por aprovechar artísticamente hasta el último recodo de su vida”, comenta el prologuista, como si ceñirse a un método fuese para Cage la puerta que abre paso a lo desconocido.

A partir de la década del 50, la búsqueda a través de lo aleatorio y el azar lo lleva a renunciar a la idea de composición como vehículo de expresividad individual. Como un Shiva que sale a cortar las cabezas del ego, la intransigencia en el campo de la música tendrá su contracara en el afán comunicativo de su escritura: “Conferencia en Juilliard”, “Lecture on the weather” (basado en la obra de Thoreau) o el diario “Cómo mejorar el mundo (solo empeorarás las cosas)”, un mosaico de ideas para promover la revolución tecno-social basado en la obra de Buckminster Fuller, son el modo de ilustrar y promover sus concepciones, eso sí, con la impronta evidente de alguien para quien “la manera más sencilla y natural de abordar una disciplina es revolucionarla”.

Por Mario Nosotti

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