Poeta, novelista, guionista, dramaturgo, cineasta, músico y hasta artista plástico –valgan, por caso, sus incursiones junto al grupo Mondongo–, Sergio Bizzio es una suerte de renacentista moderno en crónico estado de invención. Dos volúmenes recientes ratifican la diversidad de su narrativa breve, tan vasta y vigente como su hacer artístico en otros campos. Ambos títulos exponen, además, la infrecuencia de un autor contemporáneo cuyos editores salen a competir en simultáneo con una antología y una propuesta de obra inédita. Es que, más allá del género –dicen los libreros– desde la publicación de Rabia, novela que ya lleva seis ediciones, “Bizzio siempre vende”.
La propuesta de Interzona, Relatos reunidos, recopila material de los libros Chicos, En el bosque del sonambulismo sexual, Dos fantasías espaciales, La pirámide, Tres marcianos, La conquista, Iris, Construcción y Bongo Fury. Abarca cuentos emblemáticos del autor: “La conquista”, “Mini”, “La pirámide”, entre los veinte incluidos en un tomo de lujo: tapa dura, borde redondo, grueso papel woodfree y tipografía de autor. El dato raro: fue impreso en la India.
“Todos los deseos” abre la antología presentando a alguien que descubre el alcance de su don: si los invoca con vehemencia, sus deseos se cumplen. Pero esas plegarias atendidas involucran circunstancias que el deseante no había imaginado. Así, sobreviene una segunda revelación, casi bíblica: saciar el ansia puede devenir tragedia. Contiguo al del deseador espantado viene “¡Magia!”, pieza que comienza con voz potente: “Yo leo el pensamiento”, dice un niño, no sin arrogancia. El escenario es mínimo: un río, un muelle, dos chicos de doce años, un diálogo fugaz. En apenas cuatro carillas, esa declaración inicial implosiona y el giro narrativo desata un relámpago que en fracción de segundos ilumina lo impensado.