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Un universo narrativo donde los objetos cotidianos dejan de ser fondo para volverse trama sensible de los vínculos

Reseña por Léonce W. Lupette. Un universo narrativo donde los objetos cotidianos dejan de ser fondo para volverse trama sensible de los vínculos. Un libro que se inscribe en la tradición de poéticas que van de Rilke a Di Benedetto. En los cuentos de La familia de las cosas, Elsa Drucaroff captura las huellas íntimas y sociales del tiempo pandémico y pospandémico.

La literatura siempre supo que las cosas cotidianas que nos rodean son más que meros objetos acompañantes o adminículos. Podemos pensar en los Dinggedichte del siglo XIX, en la poesía en prosa como Le Parti pris de choses de Ponge, en los Tender Buttons de Gertrude Stein. Pero también la narrativa les ha prestado atención a las cosas, y en muchos casos se trata de observaciones y relatos de interiores de casas y departamentos. Xavier de Maistre inventó el viaje alrededor de una habitación, Haimito von Doderer habla de la vigilancia de los muebles y «esa sabiduría de las cosas mudas», y en El abandono y la pasividad, Antonio di Benedetto ensaya todo un cuento fascinante con solo cosas (también dentro de una habitación), sin recurrir a la antropomorfización, o a lo fantástico.

Tiendo a pensar que los mejores libros que nos dejó la pandemia no son aquellos escritos sobre la pandemia misma, ni los que salieron con la inmediatez del acontecimiento. Creo que son libros que empezaron a cocerse en su momento, pero que se tomaron su tiempo para adquirir la debida distancia y contarnos algo importante en momentos de otras urgencias, cuando ya nadie quiere recordar ni trabajar simbólica, colectiva, psicológicamente los traumas pandémicos y pospandémicos. Y pienso que La familia de las cosas forma parte de tales libros.