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Volver de las estrellas

La idea de viajar en el tiempo y el espacio es una constante de la imaginación científica. Intuitivamente sabemos lo que es la distancia y lo que significa moverse en ella, pero la idea de un desplazamiento en el tiempo es algo del todo enigmático para nuestra experiencia. Los astrónomos, sin embargo, sostienen que el presente (el único modo de la temporalidad al que creemos tener un acceso verdaderamente inmediato) no existe en términos estrictos. Toda acción o movimiento están desfasados en un delay entre el lugar de su producción, su propagación en el espacio (que puede ser tan pequeño como el de una habitación) y su captación por un receptor. La percepción de las cosas nos llega siempre con un retraso, aunque este sea infinitesimal. Si bien teóricamente posible (si se superara la velocidad de la luz, dicen los físicos, se estaría viajando hacia atrás), la concreción material de ese supuesto es aún un imposible. Tal vez por eso los viajes a través del tiempo han sido motivo de todo tipo de fantaseos para la mente humana, lo cual resultó verdadero caldo de cultivo para la literatura de índole fantástica. En el caso de la ciencia ficción, esta ha sido generalmente futurista. El viaje es preeminentemente hacia adelante, donde el futuro es un estadio de la civilización tan avanzado en lo tecnológico que ha provocado un giro tal que la humanidad ha comenzado a ser algo distinto, muchas veces con consecuencias desastrosas o espeluznantes para lo que estimamos desde una vara todavía humana.