interZona

Washington Cucurto: “No, no la pienso mucho, porque si la pienso no la hago”

Se formó como poeta en los círculos literarios de los años 90, y casi inmediatamente se convirtió en un personaje muy singular de ese mundo por esos años subterráneo de la cultura literaria porteña. La publicación de Cosa de negros, su primera novela, en 2003 lo puso en otro lugar. Autor de culto, leído y celebrado por la crítica, editado por grandes editoriales, Santiago Vega (o Washinton Cucurto) es hoy miembro estable del olimpo de la literatura nacional. Una mañanita, en una heladería/café de Almagro nos sentamos a conversar con él.

Por Julia Mengolini


Uno espera encontrarse con ese escritor maldito que es Washington Cucurto. Uno espera de él a ese personaje cumbianchero y quilombero, uno espera que hable fuerte y sin parar. Pero no. Nos encontramos con Santiago Vega (tal su verdadero nombre), un tipo tranquilo, que habla pausado, hasta tímido. Su historia es la de un laburante que se hizo poeta y narrador, un luchador que creó la editorial Eloísa Cartonera que edita libros con cartones recogidos por la calle. Encontrarse con Cucurto es pasar un rato lindo con un entrañable personaje porteño.

- ¿Cómo arrancaste?
- Leyendo, en realidad. En el supermercado en el que laburaba tenía un compañero que era lector y cuando nos sentábamos a la hora del descanso sacaba un libro y leía. Tuve una vida de lector. En esa época iba caminando al trabajo muy temprano a la mañana, e iba leyendo y también leía en los ratos libres. Y como era muy soñador, me imaginaba lo que iba leyendo, me metía en las historias y creo que lo disfrutaba más que un lector profesional, realmente creía en lo que sucedía en las historias, las vivía y las sentía. Eso para mí era todo un mundo nuevo, me sacaba del supermercado. Al poco tiempo de leer empecé a escribir. Así fui metiéndome, más que nada de curioso. También descubrí que era un entretenimiento, un juego con el cual podía divertirme.

- ¿Qué leías?
- De todo pero me fui inclinando hacia la poesía latinoamericana y norteamericana, los clásicos.

- ¿Qué te pasa cuando Beatriz Sarlo te halaga o cuando Piglia te compara con Arlt?
- Me pone contento que escritores así te referencien. Primero, nunca pensé que iba a escribir y segundo, nuca pensé que iba a durar tanto en el tiempo. Tuve suerte.

- ¿Y “Washigton Cucurto” cuándo aparece?
- Eso fue cuando empiezo a conocer a los poetas en los 90 y a personas de mi misma edad que también escriben. Así conozco a un grupo de pibes que me pusieron Washington Cucurto. Un día me habían armado un libro con unos poemas inéditos míos, en la casa de uno con una impresora. Yo llevaba mis poemas para que leyeran y las críticas siempre eras violentas, burlonas. Un día me armaron un librito que firmaba Washigton Cucurto. Me dio bronca al principio, pero quedó.

- ¿Cómo es ese mundo que fascina tanto a Beatriz Sarlo como a Jorge Rial?
-¿Jorge Rial? Es increíble, qué loco. Son dos extremos… pero lo más lindo es poder llegar a un lector común o a alguien que nunca lee. Eso lo experimenté cuando escribía en Crítica. La gente del barrio me empezó a conocer a través de las crónicas, me pedían que los nombre. Yo hacía crónicas del barrio y la gente se reconocía. Eso fue lo más lindo que me pasó escribiendo. A la gente le gustaba mucho, a pesar de lo ácido y violento que puede ser a veces mi estilo. Siempre pensé que sólo me leían los lectores profesionales y a través de la experiencia del diario me empezó a leer cualquiera.

- Es que vos te movías en un círculo muy específico y de la gente vinculada al mundo de la poesía. Probablemente te lean más desde que publicás en editoriales grandes.
- Sí, las editoriales tienen más llegada, más distribución, te dan más visibilidad. Pero es eso nomás, nunca cambié, yo siempre hice lo mismo.

- ¿No te da miedo quedar estereotipado?
-¡No! Si yo trabajo con estereotipos, con lugares comunes, además, ¿qué puedo hacer?

- También es parte del estilo que construiste
- Y a veces abuso un poco del estilo.

- ¿Cómo explicarías vos lo que escribís?
-No sé, creo que es violento, de eso siempre me doy cuenta; y que tiene un poco de humor. Pero no soy la persona adecuada para hacer un juicio de lo que hago.

-Tenés una lengua literaria muy extraña, con voces paraguayas, chilenas, argentinas, centroamericanas ¿cómo construiste esa lengua?
- Es un ejercicio literario. He leído muchos autores caribeños. Es como una mezcla entre la oralidad y una cuestión más culta que puede tener Lezama Lima o Guimarães Rosa, Reinaldo Arenas. Es literatura, finalmente.

- Literatura rara, porque es un bailantero que camina por las calles de constitución, narrado por alguien con una biblioteca bien sofisticada.
- Es una operación literaria, algo pensado que también rescata alguna experiencia de lo vivido pero es sobre todo influencia literaria, mezclado con otros géneros menores como la historieta o el pulp norteamericano.

- ¿Con qué fin nace Eloisa Cartonera?
- Editar libros, difundir lo que escribíamos un grupo de artistas de manera que pudiéramos pagarlo, de modo que comenzamos inventando el sistema de cartón y la fotocopia adentro. Gustó mucho y se deformó de lo que fue el proyecto inicial. Hoy es una cooperativa de trabajo reciclado. Ahora estamos haciendo una huerta orgánica y popular, tratando de aprender todo lo referente a la tierra. Lo más importante es que nos pudimos cooperativizar, armar una fuente de trabajo y sostenerla en el tiempo. Con el cartón hacemos trabajos gráficos, todo lo que es edición, encuadernación, el diseño. Ahora ya no es con fotocopias, tenemos una imprenta, como cualquier taller gráfico, pero un poco más pequeña. Juntamos el cartón, lo editamos, después lo distribuimos, lo vendemos, lo llevamos a ferias, damos talleres de iniciación a la lectura para niños. Hacemos actividades en el barrio. Ahora vamos a hacer una revista barrial hecha por jóvenes de La Boca, todas actividades relacionadas con el mundo del trabajo.

- ¿Cómo eligen a quién editar?
- Después de ocho años de trabajo hemos editado a muchos autores. Empezamos a editar autores jóvenes contemporáneos no muy difundidos. De hecho, editamos las primeras obras de autores que hoy son conocidos y los editan otras editoriales, como a Fabián Casas, Dalia Rosetti, Gabriela Bejerman. Después, pensando en algo que pudiera acercar a más gente, se reformuló todo el proyecto. Necesitábamos autores prestigiosos, establecidos. Eso ayudó a la editorial con las ventas y con la llegada a librerías, a otros lectores, a medios de comunicación. Quizá, si nos hubiésemos quedado sólo en autores desconocidos, no hubiéramos sobrevivido, entonces hubo que mezclar. Después está toda la cuestión del cartón. Es como un combo el libro cartonero, tiene muchas aristas, genera una buena sensación, es una buena noticia. Tuvimos la suerte de que nuestro trabajo le guste a los demás, que caigan bien, porque genera algo. Son objetos lindos, de colección. Lo que uno genera con el trabajo tiene que acercar a los demás.

- ¿Sigue habiendo tantos cartoneros como cuando estalló la crisis?
- Sigue igual, no cambió nada. Incluso ahora es peor porque el cartón no se consigue tanto porque los supermercados ya no tiran cartón ni se tira el papel blanco. Pero se pueden hacer muchas cosas a partir del papel, con la infraestructura adecuada y con apoyo del Estado que financie planes para que la gente no esté levantando la basura en la calle. Te podés cortar, te puede pisar un auto, te puede pasar cualquier cosa. Y eso es solucionable. A nosotros nos gustaría reciclar papel pero no tenemos las máquinas para hacerlo. El reciclado es algo muy caro. Eso podría ser un buen trabajo para toda la gente que está en la calle.

- Fuiste muy crítico con el kirchnerismo y después revisaste la postura.
- Si, se puede cambiar de opinión, aunque tampoco soy un veleta. Yo creo que el gran cambio es la cuestión mental, de que te haga un click en la cabeza, que las personas se den cuenta cuáles son las cosas que están bien y cuáles las que están mal. A medida que haya toma de conciencia, todo cambia. Hay que poder ver lo bueno y lo malo. Seguramente el gobierno también tenga un montón de cosas malas que nosotros ignoramos completamente. No nos podemos ni imaginar cómo es el mundo del poder, cómo se mueve. En realidad nos es tan ajeno que lo vemos todo muy parcial. Hacer un juicio moral de eso es muy complicado. Ni me imagino lo que debe ser estar decidiendo cosas tan importantes.

-¿Qué pasó con la biografía de Don Ramón?
- La tengo suspendida. Es un actor extraordinario, Ramón Valdez Carreño. Es el hijo menor de una familia muy importante de actores. El Chavo del Ocho no está bien visto en México, no gusta mucho porque muestra al mundo a los mexicanos hablando mal y los ridiculiza, y como los mexicanos son bastante paquetes, no les gusta. A mí me parece genial.

-¿De que se trata Hay que quitarle Panamá a los yanquis?
- Es una novela que escribí hace muchos años, junto con Sexy Bondi, que va a salir ahora. Es la historia de un repositor de supermercado que anda por los barrios de Buenos Aires y por las bailantas. Transcurre en el Carrefour de Salguero y en Constitución.

- ¿Volviste a leer el texto para la edición?
No, no la pienso mucho, porque si la pienso no la hago. Trabajo mucho de manera espontánea y queda algo deforme, fragmentario. Escribo mucha poesía, lo que pasa es que nunca tiene la repercusión que puede tener una novela, la novela siempre llama más la atención. Los libros de poesía quedaron en un círculo.

-¿Y el título?
- Es un piropo centroamericano que se dice en la calle, “te seguiría hasta quitarle Panamá a los yanquis”.

- ¿A qué le decís ni a palos?
– Ni a palos me iría del país, ni votaría a Duhalde.

Envío gratuito: Con tu compra superior a ARS 500, recibí tus libros sin pagar el envío en cualquier lugar de la República Argentina