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Crítica de “Los perros de la Nación”, de Cristian Boyanovsky Bazán: en la línea de las grandes distopías

Una Argentina distópica es el escenario donde se mueven los personajes de la novela de Boyanovsky Bazán, finalista del Premio Eugenio Cambaceres. Los perros, que en el pasado fueron los mejores amigos del hombre, se transforman en cazadores implacables que salen por la noche a perseguir a sus víctimas: los habitantes de cada pueblo de la Nación.

por Adriana Santa Cruz

La obra se divide en dos partes: la primera, más fragmentaria, y la segunda que abarca seis días. En cada una hay una polifonía de miradas y de voces que nos van revelando el origen y la evolución de esta realidad siniestra dentro de la que viven los personajes. De a poco, vamos hilvanando los hechos: la Gran Suelta, el toque de queda, la organización de la Resistencia y la búsqueda de la Madriguera Grande van completando las piezas de una trama con gran suspenso. En ambas partes, además, la voz del orden, más distante de los hechos –una especie de Gran Hermano que todo lo vigila–, se intercala con los miembros de la unidad de combate, cuya misión urgente hace más trágico el destino de los personajes.

Como en todo buen texto literario, lo que ocurre es siempre metáfora o símbolo que nos invita a un trabajo de develación. En este sentido, la novela presenta una atmósfera opresiva que va creciendo y que nos remite a nuestro pasado cercano, el de la última dictadura: el miedo, la creación de un enemigo, las persecuciones e incluso el secuestro de niños.

También podemos considerar que Los perros de la Nación pone en jaque los conceptos de naturaleza y cultura. Muy lejos de contraponerlos, el autor nos presenta un mundo en el que solo queda espacio para la supervivencia. La consigna es vivir el momento, avanzar de a poco, no dejarse distraer ni siquiera por los vínculos personales: “Somos una Unidad de Combate. Cualquier relación que trascienda lo estrictamente vinculado con la misión atenta contra los planes y contra nosotros mismos. Hay mucho en juego. Para esta Unidad está prohibida cualquier relación entre sus miembros que exceda la mera camaradería y el compromiso con la vida”. Sin embargo, como lectores no podemos dejar de involucrarnos con los personajes que, en la segunda parte, en especial, son Facundo, Aníbal, Iván, Rosacruz y otros, todos parte de un grupo, conscientes de sus objetivos pero absolutamente humanos, con sus miedos y sus debilidades.

“El lobo es el lobo del hombre”, dice el epígrafe de la primera parte. El de la segunda habla de la selección natural de Darwin. Ambos nos advierten que estamos en una sociedad en la que los enemigos están muy cerca y son más peligrosos porque se erigen como dioses creadores por encima de la naturaleza.

Los perros de la Nación es una gran novela que incursiona en un género que cada tanto nos sorprende como lo hace Boyanovsky Bazán.

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