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“El autoexplotado de hoy está en las antípodas de la Libertad”

En Con el sudor de tu frente, el escritor y docente Osvaldo Baigorria supo armar una compilación fundada en una serie de argumentos para una sociedad del ocio que ahora -reeditado- parecería carecer de la misma potencia, a causa de la mutación de los modos de producción, la digitalización del mundo y la pérdida de la vida privada.

Sin embargo, el libro, publicado por la editorial Interzona, y actualizado con un nuevo prólogo y nuevos textos, continúa a la búsqueda de esos puntos de fuga que hagan las cosas más soportables.
Baigorria nació en 1948, y pasó buena parte de su vida viajando. Publicó, entre otros libros, Correrías de un infiel, En pampa y la vía, Buda y las religiones sin dios, Anarquismo trashumante, Amor libre, Sobre Sánchez y Cerdos&Porteños.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : ¿Qué puede decirse de este libro hoy, cuando la sociedad del ocio ha dado paso al paradigma del emprendedor, o a una sociedad del cansancio, menos por el ocio que por la autoexplotación?
B : Podría decirse que este libro reivindica las nociones más clásicas del ocio, desde aquella libertad para la sabiduría de los antiguos griegos hasta laabolición del trabajo de los anarquistas, pasando por las críticas posmodernas al productivismo, entre otras, como si quisiera dejar testimonio de un intento histórico de autoapropiación, o como cuando Séneca en Roma decía queocioso es aquel que tiene la sensación de su propio ocio y  aquel que no solo cuida bien su vida sino que añade cualquier época a la suya. En cuanto al prefijo auto, debe admitirse que viene cargado de sospecha en medio de las nuevas formas de explotación y enajenación, que nos hacen creer que somos libres de elegir cuando en realidad vivimos sometidos por necesidades de consumo infinito que nos enganchan en una cadena de repeticiones, como en una pesadilla de trabajo fabril, y febril.  El llamado emprendedor autoexplotadode nuestra época estaría en las antípodas de la libertad, puesto que es consumidor al mismo tiempo que trabajador y reproductor de aquello que consume y lo consume. Por eso el cansancio.
 
T : Precisamente, ¿no te pasó algo de eso cuando escribiste el nuevo prólogo? En cualquier caso, ¿qué creés que sucedió desde la primera edición del libro a esta nueva edición?
B : Desde aquella primera edición hasta hoy ocurrió internet, y por supuesto el paradigma digital, la información globalizada, el hiperconsumo espectacular, la acelerada depredación de recursos y el cambio climático, por no mencionar las nuevas guerras y otras catástrofes. Es notable que pese a cambios tan drásticos la mayoría de las críticas del libro preserven cierta potencia. Más que de cansancio, esta ya parece una sociedad del agotamiento y va en camino a ser una sociedad exhausta. Así estamos. Pero no queda otra que construir a partir de lo que hay, y por eso pude escribir el prólogo como sin querer, desde la pereza aunque en dirección al juego, incluido el juego de opuestos entrequiero y no quiero, que me parece una de las formas más interesantes de libertad.
 
T : El ocio contemporáneo, ¿es o parece ser también una obligación?
B : Si incluimos en ese ocio contemporáneo a los viajes, a las imágenes tomadas en esos viajes, a las personas que conocimos, a los objetos que consumimos, a las amistades que hacemos en las redes virtuales, a las novedades que devoramos a diario, al tiempo que perdemos mirando todas las pantallas y pensando en todas esas interacciones, seguro que estamos en el terreno de la obligación. Esta se configura como adicción y como tal, se basa menos en el placer que en el goce compulsivo y el miedo. Si no entramos en el sistema, si no tenemos la mejor marca del último dispositivo móvil, parece que nos quedamos afuera, solos, excluidos. En realidad, siempre estamos afuera, solos y excluidos. La verdadera sociabilidad adopta formas de afecto más sólidas, menos fluidas, y espacios de solidaridad en donde incluso la palabratrabajar, si es puesta en común, puede tener una connotación positiva.
 
T : ¿Qué textos agregaste y por qué razón?
B : Agregué unos fragmentos del libro Burbujas de ocio, de Roberto Igarza, un investigador argentino en medios de comunicación que también es ingeniero, y que me parece describe bastante bien los intersticios o fragmentos de ocio que interrumpen la vida productiva contemporánea para hacerla, supuestamente, más productiva aún. Un ocio mercantilizado, publicitario y finalmente agotador. También un texto de William Gibson sobre el efecto de la web en la vida cotidiana, escrito hace unos años desde una subjetividad impactada por esa nueva irrupción, aunque por la velocidad que han tomado todos los procesos de viralización y contagio ahora puede parecer un poco arcaico. Y un Preferiría no hacerlo de Ricardo Strafacce, donde se revisa los ocios de poeta de Macedonio Fernández y Osvaldo Lamborghini, entre otros que esbozaron una especie de protesta lírica, existencial, contra el trabajo.
 
T : La desaparición de lo privado, o la espectacularización de la intimidad, ¿son fenómenos correlativos a la vigilancia, la autovigilancia y la explosión de las redes sociales?
B : Definitivamente, las redes virtuales atrapan y enredan la sociabilidad en espacios descubiertos, inseguros, a la intemperie, con escasos refugios y precarias claves de privacidad, donde somos vigilados y espiados día y noche por los Estados y por los mercados. Ante ese espectáculo de la intimidad revelada 24 horas al día, la salida parece ser la adopción de máscaras estrictas de cortesía e incluso de hipocresía y mentira pública, y esconder aun más profundamente aquello que queremos mantener privado o personal. Somos menos libres desde que existen las redes.
 
T : ¿Cuál es la diferencia filosófica entre el ocio y el entretenimiento?
B : No sé si es filosófica, pero la pregunta ¿qué quiero hacer hoy? es una pregunta que solo puede hacérsela quien tiene tiempo libre, ocioso, sin obligaciones. Aunque sea solo por hoy. Los situacionistas decían que ese ocio no puede sostenerse en el marco de la sociedad del espectáculo. Greil Marcus agregaba que en esta sociedad aquella pregunta fue reemplazada por ¿qué hay para ver hoy? Este sería el entretenimiento. El paso del qué quiero hacer alqué hay para ver, que desde luego ahora incluye a lo que se difunde en forma digital por todas las pantallas, medios y redes disponibles. Para Guy Debord, un verdadero tiempo libre sólo podría obtenerse mediante la posesión colectiva de los instrumentos de construcción de vida cotidiana. Con la dispersión y fragmentariedad del mundo actual, no sé qué futuro colectivo es posible, pero me contentaría con que uno, varios, muchos puedan dar ese primer paso que implica el lema solo por hoy que, según se dice, puede curar alguna que otra adicción.

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