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Elsa Drucaroff: “El país vive un momento de gran riqueza literaria”

Hace poco más de un año la escritora, ensayista y crítica literaria Elsa Drucaroff publicó "Los prisioneros de la torre", un extenso trabajo donde da cuenta de la riqueza literaria de los jóvenes que escribieron y publicaron desde el final de la dictadura hasta 2007. No conforme con su trabajo –sin dudas el más exhaustivo sobre las nuevas generaciones de escritores y escritoras de nuestro país- Drucaroff acaba de publicar "Panorama Interzona", una antología de cuentos, poesía y ensayos que incluyen

¿Por qué hacer una antología de narrativa emergente en este momento?

Esta antología de narrativas emergentes apunta a tres objetivos diferentes: como antología de autores y autoras, intenta visibilizar escritores talentosos que están empezando a publicar recién ahora; como antología de textos, intenta dar un panorama de las múltiples estéticas que están en este momento coexistiendo en las nuevas producciones; por último, como antología de obras narrativas en sentido amplio (es decir no sólo de cuentos cortos sino de poemas, teatro, posteos en blog, artículos críticos que tengan una cierta estructura narrativa, que de algún modo dejen leer una historia), intenta algo más ambicioso: detectar algunos relatos que se están contando en este momento en la sociedad.

Más allá de los formatos en que se relatan las historias, la circulación de narraciones es parte del movimiento cultural e ideológico de una sociedad. Cada momento tiene sus relatos.

Aunque Panorama InterZona no tiene ninguna pretensión de ser un estudio sistemático de los relatos vigentes hoy, aunque nace de mi arbitraria selección, de mi leer, disfrutar y elegir esos textos que disfruté, una vez que tuve casi todo el corpus listo entendí que había áreas temáticas, relatos que podían agruparse porque apuntaban a un mismo relato mayor. Así nacieron las áreas temáticas de la antología. Relatos alrededor de la crisis que derivó en el 19 y 20 de diciembre del 2001, por ejemplo, relatos alrededor de padres que transmitían traumáticamente la identidad a los hijos, y otras áreas. De alguna manera creo que Panorama InterZona también puede servir de muestreo de algunas manchas temáticas significativas en los relatos que hoy están emergiendo.

En realidad siempre es interesante ver lo que está emergiendo en una narrativa –entendiéndola en sentido amplio- y también ver qué autores y autoras están emergiendo, pero además este es un momento particularmente rico para eso.
 
¿Sentís que hay riqueza literaria en estos momentos o sólo es cantidad?

Este es un momento de gran riqueza literaria, se está produciendo mucha buena literatura y de muchos estilos y poéticas. La libertad creativa es enorme. Por supuesto no todo lo que se escribe y se publica es bueno pero eso no me preocupa. Hay un problema estadístico elemental: cuando hay mucha cantidad, hay mayor posibilidad de que aparezca riqueza literaria. Si escriben 10 personas puede aparecer alguien genial, sin duda, pero si escriben 1000, es mucho más probable que aparezca alguien genial y también más de uno. La revolución tecnológica ha democratizado de un modo impresionante el acceso a escritura y a la publicación, y también a la lectura, actividad fundamental para escribir.
 
Estoy presentando Panorama InterZona en varios lugares del país y me sigo conectando con grupos de escritores emergentes alejados de Buenos Aires. Me asombra ver el nivel de actualización y conexión que tienen con lo que se está haciendo no solamente en Argentina sino en otros lugares de América Latina y el mundo, gracias a internet. Antes era típico que los escritores del Interior se refugiaran en estéticas tradicionalistas locales pasadas de moda; ahora entre la gente joven, eso no existe. También esa democratización ha producido no sólo mayor cantidad de gente que hace literatura sino mayor calidad de textos.

Esto por un lado. Por el otro, la existencia de mucha gente que escribe, se conecta, arma blogs, publica sus cosas virtualmente o en papel, organiza lecturas, ferias, revistas, talleres, editoriales, performances, actividades en las que se cruza y discute, alimenta la producción literaria. La literatura es un hecho solitario pero la creación se alimenta de la vida, del diálogo y de los otros. Mucha gente hablando de su oficio va refinando y mejorando el oficio. Escribir es cuestión de oficio y de talento, un oficio con técnicas refinadas, decantadas, permite al talento manifestarse con mucho más brillo. Creo que este es un momento brillante para la producción literaria de nuestro país.

 
Vos viajaste por todo el país. ¿Encontrás puntos en común entre las distintas literaturas locales? ¿Se puede hablar de una “literatura argentina” en un sentido temático o estilístico?
 

En Los prisioneros de la torre relevo una cantidad de manchas temáticas que creo siguen vigentes en muchas obras argentinas. Hay una literatura argentina producida a partir de los años ’90 que está marcada sobre todo por esas manchas temáticas, sí, y atraviesan obras de muchas zonas urbanas del país.
Supongo que también hay especificidades si miramos despacio qué se escribe en Córdoba, en Cuyo, en el NOA, en el NEA. No estudié el asunto pero de mis viajes y lecturas voy teniendo algunas ideas someras y tentativas. Creo por ejemplo que en cierta narrativa cordobesa hay una influencia interesante de la narrativa norteamericana (John W. Cheever, Raymond Carver, William Goyen, Flannery O’Connor), cierta tendencia a la itinerancia, los viajes, la hostilidad del medio, la crueldad. Curiosamente, nada de esto se ve en el cuento de David Voloj, el escritor cordobés antologazo en Panorama… Pero esto no significa que esas marcas no estén también en escritoras o escritores de otros lugares. De todos modos sí puedo afirmar, como ya dije, que este es un momento de coexistencia de muchos y muy variados estilos.
 
 
¿Qué diferencia a los autores de Panorama y que los iguala a las tradiciones literarias argentinas más arraigadas?

Como exponentes de la literatura argentina de postdictadura, los autores de Panorama… comparten una entonación más bien fría, distante, de fácil deslizamiento al sarcasmo, el humor negro, un rechazo a la solemnidad. El cuento de Edgardo Scott es una muestra muy acabada de esto que, no obstante, sobrevuela la antología. Hay una tendencia a trabajar con los géneros masivos (el thriller, la ciencia-ficción Hernán Domínguez Nimo, Juan Guinot,  Maruja Bustamante), a dialogar críticamente con los medios masivos, sobre todo con la televisión (Bruno Petroni, Sebastián Kirszner), entre otras características. Otro factor nuevo es la mirada de género, la aparición de una mirada femenina específica, diferente: hoy las mujeres que escriben tienden a investigar su perspectiva propia y no buscan ya cumplir con las ajenas. En Panorama InterZona las escritoras narran con mirada bastante poco tradicional el crecimiento femenino (Susana Campos, Flor Monfort, Rocío Navarro), construyen personajes varones fuera de los estereotipos de potencia y seguridad (Eugenia Segura, Daniela Allerbon, Eva Laura del Rosario), hablan de la amistad femenina y lo materno sin idealizaciones (Maruja Bustamante, Ariadna Castellarnau, Azucena Galettini), del poder y la violencia (Agustina Gatto).También aparecen perspectivas de varones víctimas de sórdidas relaciones de poder (Hugo Salas, Federico Torres), o varones que cuidan maternalmente a su hijita (Ignacio Apolo). Los géneros varón – mujer se desdibujan: un reclamo de identidad de un hijo o nieto recuperado se vuelve una suerte de filiación andrógina rota (Federico Penelas), aparece críticamente la tradicional y antes aceptada violencia masculina contra las mujeres o los hombres feminizados (Enzo Maqueira, Tony Zalazar).
En cuanto a líneas de continuidad por ejemplo con lo fantástico, curiosamente no hay fantástico en Panorama InterZona, pero sería muy imprudente sacar de ahí la conclusión de que lo fantástico hoy no sigue emergiendo. En el país donde Gustavo Nielsen, Samanta Schweblin o Mariana Enríquez están escribiendo dudo mucho que esa formidable tradición nacional deje de tener vigencia. Creo que la continuidad más potente de Panorama InterZona está en el fragmento de El guacho Martín Fierro, el libro de Oscar Fariña que es una traducción tumbera de nuestro Martín Fierro.
 
 
¿Una generación sin marcas de la dictadura?
 

“En Los prisioneros de la torre delimito dos generaciones de postdictadura que defino en relación con un pasado traumático –dice Elsa Drucaroff-. Aunque marco diferencias entre ambas, también las planteo como un bloque que produjo una innovación en la literatura argentina. Es decir, considero que la Nueva Narrativa Argentina (NNA) es eso que escribieron y escriben las dos generaciones de postdictadura. Panorama InterZona no se propuso compilar obras de una nueva generación de autores. Para mí todos sus autores sin excepción pertenecen a una nueva producción (poética, narrativa y teatral) argentina que empezó a producirse ya en los años ’90 con características nuevas que muchos ejemplos de Panorama… de algún modo continúan. Como dije, analizo en Los prisioneros de la torre esas características. Los narradores de Panorama… pertenecen a las generaciones de postdictadura en tanto mantienen muchas de esas características literarias. En Panorama… coexisten dos generaciones y a lo mejor tres. Pero esa tercera puede o no terminar constituyendo diferencias lo suficientemente significativas como para que no se la pueda considerar ya de postdictadura, una nueva generación no porque es más joven sino porque su producción realmente ya no está marcada por lo postdictatorial”. 

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