interZona

Gonçalo Tavares y una literatura como fotografías que narran la violencia, la deshumanización y la pobreza

En “Short Movies”, el autor portugués construye un mundo de indicios que busca que el lector intuya lo que va más allá de la imagen. “Cada texto presenta una microtragedia en el sentido de ver cosas terribles dentro de lo doméstico, lo no mostrado”, dijo en este diálogo

A partir de un entrecruzamiento entre la literatura y el cine el escritor portugués Gonçalo Tavares logra en Short Movies una colección de fotografías o tomas cinematográficas que narran la violencia, la deshumanización, la pobreza, pero también la transformación que sufre el ser humano en los momentos límites: “La fotografía nos muestra algo que ya no existe. De alguna manera, nos muestra una muerte en sentido simbólico, tiene siempre una especie de ambiente de luto”, dice en esta entrevista.

La materia de la que están hechos los cortometrajes de papel del autor de El Barrio y Diario de la peste publicados originalmente en portugués en 2015 cobra especial actualidad en su publicación en español en el contexto de un mundo asolado y transformado por el coronavirus.

En sus textos breves, con personajes innominados y un narrador distante, Tavares permite que sea el lector quien intuya lo que hay más allá de la imagen y complete la historia de aquel hombre con una máscara de gas que hace gestos de chimpancé, o la mujer elegante que no consigue un taxi y tiene a sus pies un cuerpo inerte o el hombre que fabrica alas a la orilla de un peñasco. Y es que detrás de la escena, en lo que no está dicho y lo que la cámara no llega a mostrar se atisba el horror, la crueldad, la deshumanización.

Tavares nació en 1970 en Luanda, Angola. Actualmente enseña Teoría de la Ciencia en la Universidad de Lisboa. En 2001, publicó su primera obra, Livro da dança, título al que siguieron textos como Historias falsas, Biblioteca, Jerusalén, Aprender a rezar en la era de la técnica, Un viaje a la India y Los señores, entre otros.

Comparado por la crítica con Franz Kafka o Samuel Beckett por el mecanismo de sus historias que tienden a hallar lo extraño en lo cotidiano, el autor que fue definido por Enrique Vila-Matas como “la revelación más original de la literatura portuguesa” conversó desde Lisboa sobre el cruce entre literatura, cine y teatro que hay en Short Movies y que confesó estar muy contento “de que este libro que es muy diferente a los otros llegue a la Argentina en un contexto que puede darle un significado nuevo”.

- El texto se publicó originalmente en 2015 pero Interzona lo acaba de editar en la Argentina, ¿la pandemia lo resignifica? ¿En este contexto, se puede ver como una invitación a espiar por una ventana desde el confinamiento, a ver lo que sucede afuera?

- La pandemia alteró todo, como todos los grandes acontecimientos alteran el pasado y el futuro. Es muy interesante esa interpretación de que después de la pandemia podemos ver estos cortometrajes como una mirada por la ventana a partir del confinamiento, un asumir la importancia de la observación porque este libro tiene mucho que ver con este ojo que ve atentamente. Con el paso del tiempo y, en este período particular, perdemos contacto pero ganamos ojos. Nos convertimos en observadores, en silencio, de la apariencia de las personas o el recorte que se ve a través de nuestra ventana.

- El título mismo remite al cruce de la literatura con otro arte: el cine. ¿Pensó cada microcuento como el guión de un cortometraje?

- El título remite al cruce con el cine. Me interesan las artes contemporáneas y la ciencia y me parece que todas están ligadas. Nunca separo la literatura de las otras artes. Y en este libro, de una forma más evidente, coloqué al cine en el centro de la narrativa y el resultado son microcuentos, o una especie de guion de cortometrajes. Los definiría como fragmentos de la vida de las personas, como escenas de un film que nunca vimos completo.

- Siguiendo con esa analogía de los textos con el guion cinematográfico, los personajes de “Short Movies” son arquetipos, conformados por unas pocas acotaciones escénicas.

- Sí, los personajes son una especie de arquetipos. Son generales: aquel hombre, aquel niño, aquel viejo, un ciego. Prefiero no dar nombres. Busqué generalizar, enfocar una historia que no conocemos, un fragmento de una historia mayor.

Quizás, esos arquetipos son el primer paso hacia la conformación de una mitología. Como si fuesen pequeños episodios destinados a integrar una mitología realista, si se pudiese pensar en algo así. Una mitología de arquetipos que explora episodios domésticos y concretos.

- La incorporación de la técnica cinematográfica transforma a la palabra en una cámara y le da objetividad al texto, ¿hubo una intencionalidad de dejar que el lector complete la escena, reponga las emociones o sentimientos que un episodio puede generar?

- Cuando escribo no tengo una intención muy concreta. Lo hago de modo instintivo pero sucede algo así. Aquí no hay un antes ni un después, es solo un fragmento y podemos pensar cuando leemos en lo que está fuera de la escena. Me refiero a lo que quedó fuera de la escena espacial pero también fuera de la escena temporal. Por eso un lector puede ver otras cosas, puede intentar interpretar. Él va a continuar el film ya que ninguno de estos cortometrajes incluye un juicio de valor. El objetivo era mostrar sin ningún comentario, ni adjetivo, como lo hace una filmadora.

- En comparación con sus otras obras esta tiene un lenguaje más despojado, hay una mayor búsqueda de brevedad y precisión. ¿”Short Movies” requirió la exploración de una lengua propia más concisa y más visual?

- Si. Hay un despojamiento del lenguaje. Siempre apuesto a la brevedad y la precisión, pero aquí está la idea de un pensamiento más macro, como si el narrador realmente fuese una cámara de filmar que no tiene el sentido humano de la reflexión y el pensamiento. La cámara piensa de una manera mucho más directa, hace pensar mostrando una cosa en vez de otra, recurriendo al zoom o a un gran plano. Esa es su forma de pensar: apartarse, acercarse o enfocarse en una mano, en unos ojos. El movimiento es el modo de pensar de una cámara.

Con ese objetivo el lenguaje tiene que ser absolutamente despojado, un lenguaje casi de indicaciones como si un narrador apenas fuese describiendo lo que está sucediendo y no tuviera más palabras que las acotaciones. Es como si tuviésemos que describirle una película a un ciego. Precisamente el narrador es alguien que ve y va contándole a alguien que no puede ver. Nosotros vemos lo que sucede a través de sus palabras.

- Alguna vez la crítica lo comparó con Samuel Beckett por apropiarse de lo cotidiano para construir algo que cuestiona lo cotidiano, ¿está esa operación presente en la escritura de “Short Movies”?

- Me siento muy honrado con esas comparaciones. No me interesan los temas de la literatura clásica: el rey, el emperador, las grandes batallas. Me interesan lo pequeños gestos. Mi mirada está puesta en las minucias, en los indicios. Yo diría que más que extrañar lo cotidiano, estos textos son como piezas trágicas, tragedias griegas retiradas del ámbito mitológico y traídas al ámbito doméstico, al de los pequeños gestos. Un póster ajado de Marilyn Monroe pegado en una pared, por ejemplo, puede ser indicio de una falta de cuidado en el espacio y en el propio cuerpo, incluso de envejecimiento.

Por lo tanto, es como si yo intentase en cada uno de los textos hacer una microtragedia en el sentido de ver cosas terribles dentro de lo doméstico, lo no mostrado. Mi sensación es que antes o después de la escena relatada, en aquello que no llegamos a ver, hay algo terrible. Es un pequeño gesto: el del suicidio, el de matar, el de violentar. Encuentro que muchos de los textos son como fragmentos de una tragedia griega, colocados en el mundo contemporáneo.

- Los microcuentos constituyen en conjunto una especie de álbum de fotografías, pero de imágenes de violencia, miseria, deshumanización y muerte. ¿buscó el efecto desesperanzador, casi apocalíptico?

- La idea del álbum de fotografía es interesante porque también remite a una tragedia. En efecto, la fotografía nos muestra algo que ya no existe. De alguna manera, nos muestra una muerte en sentido simbólico, aun cuando se trate de una fotografía nuestra dos días atrás, nosotros ya no estamos así y, por tanto, la fotografía tiene siempre una especie de ambiente de luto. Todavía más cuando son fotos de personas que ya murieron o espacios que ya fueron destruidos. La imagen en su naturaleza es trágica porque busca fijar un mundo que ya no existe. Estos cortometrajes buscan fijar un mundo que ya no existe.

Pero por otro lado, además de esa desesperanza, diría que hay en ellos la posibilidad de cambiar. enfocan momentos de cambio radical de la vida. Abren a esa idea de que el ser humano está en permanente cambio, que cada acontecimiento es una encrucijada y según cómo actúe, el ser humano va a sufrir consecuencias totalmente diferentes. Creo que busqué mostrar al ser humano antes o después de la tragedia, de un acontecimiento terrible, narrar los tiempos que rodean a la tragedia.

Vuelve el hechicero de la palabra: El lanzador de cuchillos, de Steven Millhauser