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Hipersueño

Sábados de Súper Ficción “No somos nada más que se sepa. No tenemos nada más salvo el Hambre, un Hambre, un Hambre desconocida que apura, ordena, empuja. No se sabe hacer nada aquí, salvo recibir una orden en el corazón pero el cuerpo no sabe traducir”. __ Por Hélène Cixous


Antes del fin
Era antes del fin, sos el tiempo, pensé, el tiempo de antes del fin. Nunca había visto un esplendor tan fino. De pronto advertía que me acercaba al punto, vi que veía relucir la vida. Había por todas partes. Arrojaba sus últimos fuegos, sobre todo en las hojas y en el aire. Y también en los anchos ojos de mi madre que con la edad se ven cada vez más. Sos el tiempo, le dije. Él me labraba toda.
El jueves era el primer día del mes de muerto de mi muerto mi padre el muerto, mi muerto primero mi primera muerte el quincuagésimo primer día, qué frescura esta muerte este muerto pensé, esta muerte que no envejece.
yo ahora vivía antes de la muerte de mi madre, miraba a mi madre levantarse y acostarse todos los días en mi horizonte, con una admiración trastornada me vivía de angustia, no niego que a veces, algunas mañanitas taimadas de desayunos instantes horripilantes, cuando una crisis de caprichos altera de repente la bella regularidad de su vuelta de rueda cósmica, todo siempre gira alrededor del pan, del tema del mal pan, “no me gusta este pan” chirría mi madre, eso significa: no te amo no amo este día estoy muy enojada con esta familia no amo este universo, le traigo, tomen nota, otro tipo de pan, que a ella tampoco le gusta, después otro, después un sexto, y todo ello traduciendo con exactitud sus patadas a los sucesivos panes, siento que me sube un furor, ella y yo estamos poseídas por dos demonios que se atacan invisibles pero tangibles a propósito del falso pan, los puñetazos llueven, llegamos a los dos extremos la rabia y lo grotesco, la guerra viene rápido, en este adviento de una negrura carmesí.
si de repente dentro de un rato, ella ya no estuviera, se dice mi pensamiento estrangulado por un lado de irritación y por otro de terror, si la perdiera en ese ciclón miserable justo después de la ráfaga, ante esta idea una segunda tormenta enroscaba sus turbulencias atroces en la Gran Cólera del Pan, creía oír los aullidos de fiera del Peor Destino, se puede perder más allá de la pérdida, nadie puede imaginar lo Peor, solo se puede pronunciar la palabra Peor, que es el resto calcinado y aún chisporroteante de la palabra Plegaria, pero como el reino de lo Peor es después y nosotros vivimos en el de Adviento no tenemos de él la mínima representación, solo nos trabajan espasmos en los cuerpos, en los vientres, en los corazones absolutamente intolerables. Es insufrible, queremos huir pero apenas podemos dar saltos alrededor de la mesa con la pierna izquierda porque la pierna derecha está paralizada.
Más tarde tratamos de olvidar, cavamos un agujero en la tierra plantamos tiempo, nos lavamos las manos olvidamos.
Al mismo tiempo recordamos, pero el recuerdo queda en el jardín, se ocupa de sus asuntos, olfatea las fosas cerradas.
No es eso lo que quería decir para empezar, comenzaba la primera página cuando estalló el alboroto.
La retomo enseguida. La página habría comenzado así: No lo puedo negar, no paraba de pensar en el tiempo, por momentos en el tiempo, por momentos en los tiempos, vale decir que no paraba de pensar como un gusano que trata de pensar en el cielo, en las nubes, reptando y retorciéndose sin comenzar a acercarse nunca a un comienzo de lugar un poco elevado desde el cual al menos se pueda apercibir el cielo, y sin embargo sentía que todo mi ser torcido, crispado, ardiendo por la urgencia de pensar, solo pensaba en dirigir lo que figuran ser sus ojos hacia el pensamiento de esta cosa, este tema, este medio infinito que tenemos seguramente buenas razones para llamar tiempo en francés, yo reptapensaba en francés y por retazos, por desgarramientos de cortinas por puertas entreabiertas, no sabía nada no veía nada pero sentía fuertemente, era conducida por el nombre de Tiempo, por los nombres de los tiempos que se presentaban, hay muchos, era una necesidad, era un deber, yo quería yo debía comprender de qué vivía, por qué y cómo vivía ahora desde que aquello que me parecía ser “los últimos tiempos” parecía haber comenzado.
Los últimos tiempos, me dije, no paré de pensar que todo ha cambiado, todo lo que llamo “todo” confusamente comenzó a suceder de modo muy diferente que antes de los Acontecimientos a los que yo discierno ahora como causas de un cambio radical, es decir de un cambio en las raíces mismas de mi ser. Desde hace tres años descubro todos los días de otra manera y más claramente eso se va agregando cada día, que a consecuencia de las Enfermedades que han sufrido dos de mis personas queridas se han producido fenómenos de transformación del todo de todo, y de todas las partes del Todo, de lo que tomé conciencia gradualmente.
De repente, pero no me di cuenta enseguida, me encontré bajo el régimen de los “últimos tiempos”, quiero decir los postreros, los que van a venir, pero que no dejan de tener connivencia con “los últimos tiempos”, los que acaban de pasar. Los unos se alejan hacia el pasado, los otros se alejan hacia el porvenir.
La diferencia entre los últimos tiempos postreros y los últimos tiempos es que estos últimos tienen una fecha, mientras que los postreros, no.
En los postreros, estoy, ahora lo sé con un no saber salvo por todos mis sentidos. Esos tiempos se dividen en dos extensiones de tiempos movibles, inestables, como dos continentes transparentes que a veces se juntan se mezclan, se unen se disocian, del mismo modo en que nuestras dos vueltas se vuelven una sola con dos almas en nuestro cuerpo. Está el tiempo de antes de la interrupción de mi madre. Está el tiempo de después de la interrupción de mi amigo. De aquí en más soy paradójica. Es un estado muy difícil. Estoy antes después y después después estoy retrasada y adelantada estoy yadespués y yaantes, estoy arrojada en círculos rodeada, distanciada, brutalmente-largamente, y todo esto solo le ocurre a mi cuerpo en francés, nunca mi cuerpo y yo habíamos estado tan hablados en francés, “los últimos tiempos” son tiempos que ventilan el alma en francés, en la lengua inglesa de mi amado, cuando hay un terremoto es the end, The End of the World o como en su poema metafísico The And of the World, The End, El fin, otra palabra aún para dejarla caer como una piedra de hielo sobre una roca, otra palabra aún para dar miedo y poder. Hay que cortar con esa palabra, hay que romperle la cara, hay que partirle la sílaba, sacar de sus desechos el homónimo secreto.
Yo no digo “la muerte”. 1) La muerte solo me sucedió a mi padre. 2) No digo la muerte. 3) No se trata de esa palabra especial. Después de decenas de años de estudios y de años de análisis de experiencias lo puedo afirmar.
No se trata de esa palabra muro.
La interrupción no interrumpe más que lo ininterrumpido. Es una respiración. Acerca de ese misterio siempre estamos de acuerdo, mi amigo y yo. La interrupción le permite a lo ininterrumpido que descanse un instante y a lo interrumpido que retome el aliento.
Sin embargo la Interrupción Postrera acarrea innumerables modificaciones interiores. Todo cambia, Todo de Un Plumazo. De un momento al otro estamos como nacidos arrojados al espacio oscuro agitado totalmente desconocido de los Últimos Tiempos. No se sabe dónde se está naturalmente, se ha naufragado, solo se tiene la palabra naufragio a modo de linterna y explicación, del resto no se conoce nada. Todo está perdido. La perdición es un estado del que no habíamos tenido la menor idea. Somos adultos y bípedos pero la especie es desconocida. Eso me sucedió. No sabemos nada de ser. Ni de decir. No se conoce. No nos acordamos para nada de este mundo. El mundo del que nos acordamos, en el que todavía estábamos ayer a la noche, se ha vuelto tan lejano súbitamente que se diría un sueño. Está descalificado. Es el horror de ser cero y sin memoria sin ninguna relación con el ser que se ha sido y todo lo que se siente es que todo lo que siento no me ha sucedido nunca. Sobre todo los estados de ánimo, que son como extranjeros en mi celda y de los que no entiendo lo que quieren –una carga que exige aire, espacio, como si la celda tuviera las llaves. Si al menos pudiera nombrar a uno de esos figurantes viscosos, si tuviera un yo que decir, o si pudiera llegar a un mínimo acuerdo con una de esas criaturas, como lo hace la gente detenida por el guarda en un tren que tomaron por equivocación. Pero al guarda no se lo ve. Felizmente no tengo nada que argumentar en mi defensa. Tengo la consistencia y el desgaste de un boleto falso. Sin embargo no he cometido ninguna falta. O sí. Qué pobre criatura sin cabeza que soy.
No somos nada más que se sepa. No tenemos nada más salvo el Hambre, un Hambre, un Hambre desconocida que apura, ordena, empuja. No se sabe hacer nada aquí, salvo recibir una orden en el corazón pero el cuerpo no sabe traducir. Caminar quiero, ¿pero cómo es? ¿Ir, hacer, avanzar, acercar, entrar? No sé no puedo paso en falso. Hay que. Es la Interrupción lo que me paraliza –y debo vencer su hechizo con un acto de voluntad fabricado en mi cabeza–. Pensar, querer, se mueven en mi cabeza. Hay que encontrarle la salida al poder.

Hace tres años que relucho de vez en cuando contra Parálisis. Siempre es la pierna derecha. Ayudame, le digo a mi amado, sacame de aquí. Siempre es la pierna derecha, en cuanto quiero caminar se inmoviliza, se pone rígida, se hunde en el suelo. El esfuerzo por arrancarla es una tortura. Camino con dificultad, tan lentamente. Me apoyo en vos. La tarea es colosal hay que inventar el mundo entero. No me desanimo pero el tiempo, el tiempo y el dolor.
El jueves casi funciona, era el primer día del mes de muerto de mi padre el muerto, estabas conmigo, estábamos juntos los dos, teníamos que recomenzar el mundo, era el proyecto del Globo. Tu presencia, tu calor, tu tamaño, nuestra corriente íntima, nuestro entendimiento, nuestra manera de estar empalmados, nuestro movimiento, el acuerdo, la alianza de los cuerpos cuando nos desplazábamos a lo largo del Borde, es la evidencia simple, mítica. Me habían pedido que creara la ópera de la creación. Me puse en estado de espera. El director de orquesta a lo lejos me dio la señal. Nosotros dos estábamos en el Borde. Di los primeros pasos. Ninguna parálisis. Invoqué los espacios, levanté vientos. Me parece que yo conducía las profundidades del aire. Levanté los brazos. Escuché. Me di cuenta, ante la puerta del Globo, de que todavía no había dicho nada, solo había hecho oír los ruidos del mundo, había que empezar, sin duda, decir una palabra, me dije, dirigirme a los pueblos invisibles, saludar a los que esperan su turno escondidos, proferí: ¡Amigo! o bien ¡Amigos! pero eso rompió la majestad del silencio.
Estuve a punto. Casi lo consigo. Un poco más y tenía toda la gracia.
Todos los días espero ser convocada al día siguiente por las autoridades para crear la ópera de la creación. Espero. Te das cuenta de mi error: no hubiera debido ni pensarlo. Querer hacer las cosas bien, ¡qué presunción!
No se puede prevenir. Esperar, obedecer, dejar venir. No creerse más viviente, ni más capaz que los del otro lado. Ese es el secreto. Aquí, no hacemos lo que deseamos. Solo podemos hacer lo que es deseado. Apenas si puedo decir nosotros, nosotros en lugar de yo, es más prudente.
Nosotros no esperamos el auxilio de un despertar porque esto no es un sueño. Aquí es el tiempo de los últimos tiempos los que solo llegan una vez.

 

August Eschenburg: Una pieza de relojería fantástica del ganador del Pulitzer Steven Millhauser