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Sergio Bizzio: vida extraterrestre invade la pampa gaucha

En los relatos de Tres marcianos, el celebrado autor de Rabia regresa con su imaginación y humor recargados.

Por Maximiliano Crespi

La virtud fundamental de los tres relatos reunidos en este nuevo libro de Sergio Bizzio es su insistente caracterización de esa alteridad tipificada en lo marciano, no como una hostilidad, sino como una forma de vida en disidencia. En esta ciencia ficción, Marte no ataca, simplemente se hace presente. Pero es esa sola presencia la que a la postre termina por trastornar y desnaturalizar un mundo extenuado y endeble, que a duras penas se sostiene en la desidia de lo cotidiano.

En “El monte volador”, el relato que abre Tres marcianos, el contraste entre el ambiente bucólico y la irrupción alienígena adquiere por momentos la carga delirante y humorística que caracteriza a otras de las celebradas narraciones del autor. Pone a esas formas de vida extraterrestre en el espacio imaginario del campo argentino: instaladas en mitad de la pampa gaucha, en una nave camuflada como un monte e impulsada por el combustible de unas pocas gotas de sangre humana. Pero no las carga con un talante agresivo ni con una amenaza de invasión, sino tan sólo con la intención de acceder por gentileza de sus portadores a la sangre que les permita retornar a su mundo.

En medio de esa aventura, Bizzio no se priva de filtrar, en boca de uno de sus personajes, un comentario que parece no venir “a cuento de nada”: “No hay duda: la economía es el brazo armado del desastre cultural”. La resonancia metálica y desubicada de esa frase da la pauta para la comprensión del segundo relato, sugestivamente titulado “La propiedad”. Y lo que se trata en él, ya con un tono que borra todo rasgo estrictamente paródico, es justamente la cuestión de la exhibición: el negocio de lo extraordinario.

En una chacra a las afueras de un pequeño poblado argentino una familia exhibe a un extraterrestre postrado en un camastro. La posibilidad de verlo está supeditada al pago de una suma de dinero y al hecho de haber sido recomendado por otro hombre que ya lo haya visto. La gente que tiene a su cargo el negocio no da mayores explicaciones sobre la naturaleza de la exhibición; la parquedad de esos personajes rústicos se corresponde con el riguroso protocolo dispuesto para las visitas: de noche, a media luz, sin celulares, no más de 15 minutos, a prudencial distancia del cuerpo extraño, que es observado por los visitantes con admiración suntuosa.

El rescate del extraterrestre en una sucesión de eventos fantásticos aparece sin embargo deliberadamente desplazado por la digresión hacia un relato sobre el espacio de la biblioteca como el lugar en que los libros finalmente siempre se pierden. No es un gesto caprichoso. O, mejor dicho, no es un capricho sin sentido. Bizzio ofrece con ello la clave para pensar una reverberación alegórica del texto, donde la biblioteca y el museo, la institucionalización de las retóricas y los espacios de emergencia de lo extraordinario condicionan el horizonte de significación de la presencia.

En “El retorno”, el breve relato que cierra el libro, Bizzio retoma un cuento homónimo de Giovanni Papini. En el texto del escritor italiano, el narrador compra un supuesto manuscrito, “el esbozo de un cuento que Kafka no quiso o no tuvo tiempo de desarrollar” y cuyo argumento Bizzio reescribe sólo con leves variaciones. Resumido: un hombre debe dejar a su amada para realizar un inevitable viaje de negocios a Bohemia pero, al regresar a su hogar, percibe que todo está tal lo dejó a su partida excepto por su amada, que ahora le resulta “otra”.

El viajero de Bizzio es un astronauta que acaba de volver de Marte y, como el de Papini, luego de razonar inútilmente en torno a la situación, se resigna a aceptarla en su inexplicable transformación y a desempeñar así su rol en lo que el italiano describiría como “la extraña comedia de los días”.

Tres marcianos lleva la marca registrada de la literatura de Bizzio. Expone la fuerza radical de una poética que atraviesa los géneros con una plena e invulnerable convicción ética: el trabajo de la ficción no es el de representar sino el de hacer existir, es decir, crear un efecto de presencia que en cierta medida rompa la consistencia de una realidad atada a un régimen de identificaciones chatas y estereotipadas.

Tres marcianos, Sergio Bizzio. Interzona, 82 págs.

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