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Territorio Bizzio

En esa época ocupa un lugar central en la obra de Sergio Bizzio simplemente porque es una novela magnífica. Pero hay algo más, y ese algo es su condición liminar, que conecta la zanja de Alsina con otros libros dedicados a proyectos descomunales —La hija de Kheops y La mujer en la muralla de Alberto Laiseca entre ellos, pero también Una novelita china de Aira— y anticipa las prospecciones futuras en el archivo de la gauchesca de Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara y La verdadera vida de José Hernández de Martín Caparrós.


No son pocos —de hecho, son muchísimos— los momentos en los que, al inaugurar algo, se clausura otra cosa, que ocupaba su lugar o pudo haberlo ocupado. De manera similar, Sergio Bizzio comenzó el siglo XXI con En esa época (2001), una novela que parecía deliberadamente escrita en la línea de los libros de César Aira, el autor con el que más a menudo se lo asociaba por entonces, pero —en realidad— rompía con ella: sí, Aira seguía estando allí —en la intelectualidad exacerbada de los «indios», que revertía paródicamente la distribución de los atributos civilizados y bárbaros en la literatura argentina del siglo XIX; en el delirio argumental; en las duplicaciones, en los monstruos— pero también había algo nuevo que surgía en esas páginas, algo relacionado con la compulsión y el trastorno y con la precisión nada contingente con la que Bizzio iba a narrar —a partir de ese momento— todos sus libros.


De esa precisión el lector, la lectora de En esa época tiene pruebas en cuanto cruza el umbral de la primera frase: «en esa época los indios tenían un imperio bárbaro». Desde luego, el adjetivo final sitúa al libro en una dualidad que los argentinos conocemos bien y que es —lo sabemos— esencialmente falsa. («De ese lado está la barbarie, de este lado no».) La frase roza el coloquialismo, y con él la imprecisión, pero lo que sigue es exacto, forzosamente preciso: cinco brigadas de doscientos a trescientos hombres cada una cavan una zanja, la zanja tiene mil kilómetros de largo y va a ir desde el sur de Córdoba hasta Bahía Blanca, tiene una abertura de dos metros y sesenta centímetros de ancho y una profundidad de un metro setenta y cinco, un parapeto de un metro de alto, arbustos espinosos; en treinta días, con mucho esfuerzo, los soldados sólo han avanzado dos kilómetros y medio.