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Acá me pongo a cantar, al compás de la villera


“Cumbia callejera, 
quién dijo que esto no es arte”

Damas gratis, Cumbia callejera (2005).
La cumbia no es sólo un estilo musical, su popularidad, su influencia y su fuerza hace que traspase territorios, fronteras, clases sociales, lugares comunes. ¿Por qué no permitirle su ingreso también al amplio campo de la literatura? Y ¿por qué no permitirle ingresar en un mundo tan complejo y vasto como la educación? De una vez por todas, la cumbia, y la música en general, deberían ocupar un lugar en las aulas.

La cumbia se originó en la costa norte de Colombia. Es un estilo musical que incorpora raíces africanas con influencias españolas e indígenas. En este sentido es un híbrido entre dos razas:
“Yo vine a la Argentina y te traje mi sonido, 
estilo blanco y negro, esto lo que yo más quiero, 
pa´ que lo bailen todos, todos los negros cumbieros.
De ritmo que se escucha y se baila sin parar, 
Con Los Chicos De Barrio, Pablito va a agitar...” 

Damas gratis, Adónde están los negros.

Una vez insertada en América Latina se difundió como un ritmo asociado directamente al baile. Así se dividió en sub géneros como cumbia colombiana, cumbia brasilera, cumbia argentina, cumbia paraguaya, etc. Dentro de la Argentinala cumbia se diversificó y dio lugar a otros géneros como el cuarteto.

Hay que destacar que es un género asociado a los márgenes, a la periferia de la capital. Frecuente en las bailantas y cantinas la cumbia adquirió popularidad y masividad. En la actualidad, hay compañías discográficas que se dedican sólo a este género.

La cumbia tiene repercusión en todos los ámbitos, pero generalmente se la asocia a los estratos sociales marginales o más bajos. Sin embargo, no hay que ir sólo a las bailantas para escuchar cumbia. Sin ir más lejos, en cualquier bar o bolichito de la ciudad de La Plata, se puede bailar esta música. Aunque hay que reconocer que en los bares donde asisten jóvenes de clase media es más frecuente que se escuche Agapornis o cualquier tipo de banda de este estilo que están muy de moda en la actualidad.

El porqué hoy en día existe una “cumbia cheta” que retoma cosas del género para mezclarla con un look muy cercano al pop latino, merece ser objeto de un análisis en particular. Sin embargo, para no pasar por alto la cita, es interesante la apreciación que hace la socióloga Maristella Svampa en su escrito  “La transformación y territorialización de los sectores populares”, al decir que: “Este tipo de consumo de un fenómeno cultural ajeno para la clase media o media alta, lleva implícito un reconocimiento y a la vez una toma de distancia, donde persiste el reflejo estigmatizador (su carácter de música villera, propias de las villas miseria).”

La cumbia genera identificación y pertenencia. Con sus letras es capaz de representar desde una historia de amor hasta las problemáticas de un estrato social bajo como las drogas o la policía corrupta. Hay otros géneros musicales que reflejan estos tópicos, el rock por ejemplo, pero la cumbia lo hace desde lo directo, no se maneja con rodeos sino que es explicita y sin metáforas:
“Ellos que están arriba tienen todo el poder, 
Prometen tantas cosas que no van a hacer, 
Se llenan los bolsillos te dejan sin comer. 
A todos los vamos a matar”.

Yerba brava, A la celda (2001).

Las letras de cumbia apuntan contra todo aquello que les parece sucio y macabro (la policía, los poderosos, los caretas). Si lo hacen con violencia es porque el mismo sistema y sus distintas instituciones de poder ejercen violencia. Denuncian al sistema represivo en que estamos inmersos:
“Estás de servicio y tomas papusa, bajas 
del patrullero con la carretilla dura, 
re persecutoria chamuyas todo trabado, 
¡Salta la ficha que enroscado estás! 
Gorra basura, andas cortando fuga, 
gorra basura, andas cortando fuga, 
con la carretilla dura, 
con la carretilla dura”.

Mala fama, Gorra basura (2001).

Si la cumbia está tan presente en muchos ámbitos, ¿Se puede hablar de la presencia del género en la escuela?
Primero, hay que destacar que es importante la inclusión de materiales no literarios para enseñar. Además, algunos materiales no literarios pueden volverse literarios en el momento mismo de su utilización. Si para que los chicos se entusiasmen con la poesía, el docente incorpora letras de canciones y le sirve, bienvenido sea. Además, ¿Quién dijo que las letras de canciones no son poesía? Y ¿Quién dijo que las letras de canciones de cumbia no pueden serlo también?

Muchos docentes incorporan letras de rock, tango o folclore, ¿y si incorporamos una canción de Damas Gratis o de Yerba Brava? Seguramente los jóvenes se sentirán más identificados y más cómodos porque conocen esas canciones, porque las escuchan en los boliches o en sus casas. Quizás no conozcan o no les guste mucho el tango y el folclore. En cambio, las letras de cumbia permiten una identificación y una conexión con el barrio, con los pibes, con las minas.

Como explica Mariano Dubin en su ensayo “De la gauchesca a la cumbia villera”[1]:“Los contenidos de la música tradicional no podían expresar la experiencia de los jóvenes villeros, hijos de la villa, y ya hijos o nietos de provincianos. Es el momento en que Pablo Lescano, creador de Damas Gratis, considera que la estética de la cumbia debe desarrollar la experiencia villera. Explicaba entonces Lescano: ´Pensaba que había que hablar como los pibes de la calle. Y utilizar frases tumberas que acá todos conocen: jilguero, gato, bigote`”.

Pero el lenguaje de la cumbia no se reduce sólo al lenguaje de la ilegalidad social o al lenguaje de la cárcel, dice Dubin: “No se puede limitar el lenguaje de la cumbia villera a la cárcel; no es un discurso carcelario. Sin dudas, evoca ese mundo pero no finaliza allí su búsqueda. La cumbia villera nombró por vez primera un mundo que perdía todas las ilusiones liberales” agregando además que, los artículos periodísticos, los papers universitarios, las discusiones de café proliferaban al pulso de la paranoia del poder de ver otra vez ocupada Buenos Aires por las clases populares, explicitando que sin embargo,  “ese mundo sólo pudo ser nombrado por los letristas villeros”.

Pero no sólo se trata de llevar música a las aulas. Existe literatura relacionada con la cumbia, poca pero existe. Un buen ejemplo es la obra del escritor paraguayo Oscar Fariña: El guacho Martin Fierro. Establece una parodia del famoso texto gauchesco argentino:
“Acá me pongo a cantar
al compás de la villera,
que el guacho que lo desvela
una pena estrordinaria,
cual camuca solitaria
con la kumbia se consuela.
Pido a los porros del Chelo
que ayuden mi pensamiento,
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me deliren la memoria
que esta va con sentimiento”.

El poema de Fariña representa una buena manera de conectar a los pibes con el Martin Fierro. A través de la parodia y, si se quiere, de la comicidad, el docente puede incluir como previo a la obra original, algunos versos del poema de Fariña para descontracturar y ganar la atención de los pibes dentro del aula. Seguramente el guacho villero los acercará más a su realidad cotidiana que el gaucho propiamente dicho.

 

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