La literatura argentina agoniza.
Lejos de ser (solo) una provocación, este enunciado resulta un diagnóstico bastante acertado. Lo que alguna vez fue una nación letrada, orgullosa de la potencia de sus disputas, hoy se ve degradada a la categoría de fiesta de cumpleaños: un territorio dominado por la literatura del yo, la escritura confesional, la creación al servicio de las demandas del mercado y la ansiedad narcisista por publicar.
Maximiliano Tomas disecciona la literatura contemporánea e identifica sus males para tratar de entender cómo fue que buena parte de su producción se volvió tan previsible y prescindible. Pero su propuesta, cercana al manifiesto, no se agota en identificar la crisis. También propone un remedio: recuperar una idea de la escritura como riesgo, imaginación, trabajo sobre la lengua y construcción de una obra, más allá de las recompensas, las modas y las vanidades del mundo editorial.
El ensayo que da título al libro se completa con una serie de textos infames sobre la relación de la literatura con la crítica, el dinero, la publicación, los premios y el mercado; y, a modo de antídoto, con retratos y lecturas de autores como Francisco Bitar, Ariana Harwicz, Fogwill, Luis Chitarroni, Willa Cather, John Cheever, Susan Sontag, Jorge Luis Borges y Rodolfo Walsh.
(Buenos Aires, 1975) es escritor, periodista y crítico literario. Dirigió suplementos culturales y condujo programas de radio y televisión sobre libros. Como editor compiló antologías de literatura clásica y contemporánea. En 2015 publicó ¿Qué leer?, libro en el que recopiló sus columnas e intervenciones en medios gráficos a lo largo de una década. Tradujo a la escritora estadounidense Willa Cather. Programó el Área de Letras del Centro Cultural San Martín durante diez años. Participó en ferias y congresos literarios locales e internacionales y fue curador de exposiciones sobre escritores como Julio Cortázar y Jorge Luis Borges
Foto: Lisbeth Salas